La vida es sueno

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-117-

Jornada II


Salen el REY BASILIO y CLOTALDO.


CLOTALDO Todo, como lo mandaste,
queda efetuado.


BASILIO Cuenta,
Clotaldo, cómo pasó.


CLOTALDO Fue, señor, desta manera.
Con la apacible bebida 5
que de confecciones llena
hacer mandaste, mezclando
la virtud de algunas hierbas,
cuyo tirano poder
y cuya secreta fuerza 10así al humano discurso
priva, roba y enajena,
que deja vivo cadáver
a un hombre, y cuya violencia,
adormecido, le quita 15
los sentidos y potencias...
(No tenemos que argüir
que aquesto posible sea,
pues tantas veces, señor,
nos ha dicho la experiencia, 20
y es cierto, que de secretos
naturales está llena
la medicina, y no hay

-118-animal, planta ni piedra
que no tenga calidad 25
determinada; y si llega
a examinar mil venenos
la humana malicia nuestra
que den la muerte, ¿qué mucho
que, templada su violencia, 30
pues hay venenos que maten,
haya venenos que aduerman?
Dejando aparte el dudar
si es posible que suceda,
pues que ya queda probado 35
con razones y evidencias...)
con labebida, en efeto,
que el opio, la adormidera
y el beleño compusieron,
bajé a la cárcel estrecha 40
de Segismundo; con él
hablé un rato de las letras
humanas que le ha enseñado
la muda naturaleza
de los montes y los cielos, 45
y en cuya divina escuela
la retórica aprendió
de las aves y las fieras.
Para levantarle más
el espíritu a la empresa 50que solicitas, tomé
por asumpto la presteza
de un águila caudalosa que,
despreciando la esfera
del viento, pasaba a ser, 55
en las regiones supremas

-119-
del fuego, rayo de pluma,
o desasido cometa.
Encarecí el vuelo altivo,
diciendo: «Al fin eres reina 60
de las aves, y así a todas
es justo que te prefieras.»
Él no hubo menester más,
que entocando esta materia
de la majestad, discurre 65
con ambición y soberbia;
porque en efecto la sangre
le incita, mueve y alienta
a cosas grandes, y dijo:
«¡Que en la república inquieta 70
de las aves también haya
quien les jure la obediencia!
En llegando a este discurso
mis desdichas me consuelan;
pues, por lo menos, si estoy 75
sujeto, lo estoy porfuerza,
porque voluntariamente
a otro hombre no me rindiera.»
Viéndole ya enfurecido
con esto, que ha sido el tema 80
de su dolor, le brindé
con la pócima y, apenas
pasó desde el vaso al pecho
el licor, cuando las fuerzas
rindió al sueño, discurriendo 85
por los miembros y las venas
un sudor frío, de modo
que a no saber yo que era
muerte fingida,dudara
de su vida. En esto llegan 90
las gentes de quien tú fías
el valor desta experiencia,
y poniéndole en un coche
hasta tu cuarto le llevan,

-120-
donde prevenida estaba 95
la majestad y grandeza
que es digna de su persona.
Allí en tu cama le acuestan,
donde al tiempo que el letargo
haya perdido la fuerza, 100
como a ti mismo, señor,
lesirvan, que así lo ordenas.
Y si haberte obedecido
te obliga a que yo merezca
galardón, sólo te pido 105
(perdona mi inadvertencia)
que me digas qué es tu intento,
trayendo desta manera
a Segismundo a palacio.


BASILIO Clotaldo, muy justa es esa 110
duda que tienes, y quiero
sólo a vos satisfacerla.
A Segismundo, mi hijo,
el influjo de su estrella(vos lo sabéis) amenaza 115
mil desdichas y tragedias.
Quiero examinar si el cielo
(que no es posible que mienta,
y más habiéndonos dado
de su rigor tantas muestras 120
en su crüel condición)
o se mitiga o se templa
por lo menos, y vencido
con valor y con prudencia
se desdice; porque el hombre 125
predomina en las estrellas.
Esto quiero examinar,...
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