La(s) estética(s) de la mundialización

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La(s) estética(s) de la mundialización, una lectura imprescindible para ubicar el poder simbólico del arte

Roberto Rosique

La(s) estética(s) de la mundialización de Juan Carlos Reyna (Tijuana, 1980), Premio Estatal de Literatura 2008, promovidos por el Instituto de Cultura de Baja California, es el producto de una selección de textos publicados entre agosto del 2006 y agosto del 2008 enel suplemento cultural El Ángel del periódico Reforma, la revista Tempestad, Picnic, Blink y Metropolítica, entre otros y da cuenta en ellos, de una catorcena de artistas internacionales que, dentro de la amplísima fauna creativa, esa minúscula porción de elegidos representan, apelando a Bourdieu, el poder simbólico del arte y conforman, lo que acertadamente Juan Carlos Reyna denomina lasestéticas del tráfico, cuyas tramas ─nos dice─ son hiladas desde el espacio escurridizo de una política que se sostiene por mitologías fundacionales.

El autor nos introduce al libro con una frase lacónica de amplísimo significado, que recluta al lector de inmediato: “El arte contemporáneo ya no puede trasgredir. El arte contemporáneo trafica”. Expresión contundente que nos confronta con los añejosvalores culturales y que indica la ruta, de lo que encontraremos en el contenido de éste coherente compendio de artículos periodísticos.

Vivimos tiempos convulsos, de eso no creo existan dudas, postmodernos para algunos o en los estertores de la modernidad para otros, algo que tendrá que seguirse discutiendo sin superficialidades y que tal vez, en el dilucidar de la semántica y en lainterpretación justa de la historia se precisen muchas cosas; no obstante, lo que no puede cuestionarse y menos aún desestimarse, es que vivimos como nos dice el autor “el enmascaramiento de un poder omnipotente en cuanto a que no nos es ajeno, sino que es consustancial a nosotros” en este capitalismo tardío fundamentado en un trasegar continuo de símbolos, en el que tanto el arte como el estado se someten auna política aplastante en un simulacro inacabable del poder. Recordatorio que obliga a dejar las caretas a un lado y desasirse de la cauda de aquellos convencidos con las bondades del arte subvencionado, pero sobre todo validado por el estado.

Bajo el pretexto de la democracia versus progreso (el engaño más redituable del poder), nos someten y nos vuelven transparentes, permitiéndonos─escribe el autor─ todo tipo de disidencias para que finalmente, terminen convertidas en esperanza o ilusión, en un mero capital simbólico. Es el mito de la ciudadanía, insiste Juan Carlos Reyna, donde, hasta la etiqueta pretendidamente más trasgresora se ha mecanizado y posteriormente ha desaparecido. Son estas reflexiones las que precisan a reorientar nuestras miradas, a replantear objetivos del artey sobre todo de la crítica, más aún, de aquella que como comparsa solapa y contribuye a confundirnos para no entender que ─como bien dice el autor─ “este aparente orden gubernamental fortalece los sistemas del poder económico, el orden de la razón y radicaliza los mitos de la sociedad progresista y de manera perversa el de la democracia”.

De ahí ─puntualiza ─ que no ha de extrañarnos lasustitución del discurso crítico del arte por habilidades de concertación, por lo que éste se ha convertido en un mero dispositivo de conciliación ante las mitologías inherentes al estado, y para ejemplo nos remite a las exhibiciones reseñadas en el libro, en donde, conjuntamente, nos ejemplifica de que manera la frontera entre industria cultural y culturas autenticas se ha desvanecido y el artebautizado de trasgresor, se ha diluido. La cultura, reafirma Juan Carlos Reyna, se marida con el mercado.

Los artistas de esta modernidad tardía, nos explica, en particular los abiertamente legitimados, sostienen un contrato tácito con esa otra institución que es la ilegalidad. El arte contemporáneo trafica géneros, formas, pero sobre todo mitos; una veces al centro, y otras, al margen de...
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