Las fuentes de valor

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Capítulo 4
Las fuentes del valor

Josep Burcet, © 2009 Todos los derechos reservados

Este capítulo trata de un aspecto de la vida que interesa mucho a todo el mundo. Está relacionado con el deseo, con lo que tiene valor, con la satisfacción y con la felicidad. Analiza la estrecha relación que existe entre la búsqueda del bienestar, nuestro comportamiento económico y nuestra proyecciónvital como personas. A la luz de una serie de observaciones capitales, aparecen las bases para una formulación radicalmente nueva de la economía e invito al lector para que las examine y extraiga sus propias conclusiones. De ser precisas las pistas que aparecen, podríamos estar a punto de vivir una transformación extrema de la economía, en el curso de los próximos años para dejar atrás de una vezpor todas las pesadillas de las crisis cíclicas.

En nuestras decisiones económicas lo que buscamos fundamentalmente es alcanzar alguna forma de satisfacción. Así que vamos a empezar por el principio con la cuestión más básica de todas.

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La fuente más primigenia de la satisfacción
Hace tiempo me fijé en la cara de un bebé de unos cuatro meses que acababa de mamar. Acurrucado todavíasobre el pecho de su madre, se le veía profundamente satisfecho. El momento parecía ser absolutamente álgido para él. De vez en cuando esta imagen regresa a mi memoria y he terminado por considerar que era un icono magnífico para representar el éxtasis en su manifestación más pura y primigenia. Y también que aquello era el comienzo de un largo camino en pos de la felicidad que iba a continuardurante el resto de su vida. Ese niño, al igual que todos nosotros, iba a seguir para siempre encadenado al deseo de cosechar nuevos momentos de satisfacción de parecida intensidad. Seguiría buscando el bienestar que se consigue cuando se alcanza cualquier tipo de final feliz. E intentaría repetir esa sensación todas cuantas veces pudiera. No deberíamos perder de vista este asunto tan fundamentalcuando tratamos de comprender la razón de nuestros actos y, por supuesto, nuestro comportamiento en la economía. Todo lo que adquirimos, todo lo que intentamos hacer nuestro, está guiado por el mismo deseo de lograr un momento álgido. Puede que varíe el método para lograrlo, pero la sensación que se persigue será siempre de la misma naturaleza. En la primera etapa de la vida nos basta con el apaño“mejilla sobre la teta de la mamá + comienzo de una digestión feliz”. Es simple, es directo, es cálido y procura una sensación oceánica porque a esa edad todavía nadie es capaz de distinguir ninguna frontera entre el propio cuerpo, el cuerpo de la madre y todo lo demás.

Momento álgido

Pero la impronta que queda para más tarde es tan fuerte y cala tan hondo que de mayor ninguna persona es inmune altirón que producen un par de pechos turgentes y bien plantados. Ni siquiera las propias mujeres se hallan a salvo de eso, mientras que muchas se sienten además atraídas por unos pectorales masculinos bien establecidos o por su metáfora en forma de nalgas redondas, firmes y bien dibujadas.

44 Pero más allá de los regocijos que procuran un torso atractivo o un trasero sugerente, la verdaderacuestión de fondo es el anhelo imperecedero de cosechar momentos de éxtasis. Es por esta razón que la gente se lanza a ganar dinero, va a los restaurantes, compra lotería, mira películas, sale de fiesta con los amigos, ingiere substancias peligrosas, compra casas, asiste a espectáculos deportivos, busca momentos de placer sexual, o disfruta intensamente cuando recibe el aplauso o la admiración delos demás. Nadie se escapa del interés por obtener un instante sublime. Ni siquiera el místico o el asceta prescinden de la búsqueda de un momento de arrebato y procuran experimentar como pueden el éxtasis de una fusión oceánica con el universo o con alguna forma de entidad sobrenatural. Aquella pulsión que poco después de nacer nos indujo a buscar nuestra primera comida, es la misma que más...
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