Las hijas del hielo

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  • Publicado : 20 de noviembre de 2011
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Camilla Läckberg

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LA PRINCESA DE HIELO

Para Ville.

ÍNDICE

Capítulo 1 4
Capítulo 2 40
Capítulo 3 67
Capítulo 4 84
Capítulo 5 124
Capítulo 6 245

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 256

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Capítulo 1

La casa estaba desierta y vacía. El frío penetraba por todos los rincones. En la bañera se había formado una finamembrana de hielo. Y ella había empezado a adquirir un ligero tono azulado.
Pensó que, así tumbada, como estaba, parecía una princesa. Una princesa de hielo.
El suelo sobre el que se sentaba estaba helado, pero el frío no lo preocupaba. Extendió el brazo y la tocó.
La sangre de sus muñecas llevaba ya tiempo coagulada.
El amor que por ella sentía jamás había sido tan intenso. Leacarició el brazo como si acariciase el alma que había abandonado aquel cuerpo.
No se volvió a mirar cuando se marchó. Aquello no era un adiós. Era un hasta la vista.

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EILERT BERG NO ERA UN HOMBRE FELIZ. SU RESPIRACIÓN FATIGADA LE SURGÍA DE LA BOCA EN FORMA DE PEQUEÑAS NUBES BLANCAS; PERO NO ERA LA SALUD ALGO QUE ÉL CONTASE ENTRE SUS PRINCIPALES PROBLEMAS.
Svea era tan hermosade joven y a él le costó tanto resistir hasta la noche de bodas. Se comportaba dulce, amable y algo tímida. Su verdadera naturaleza se desveló después de un período demasiado breve de deseo juvenil. Con pie firme, lo había mantenido bajo su yugo durante cerca de cincuenta años. Pero Eilert tenía un secreto. Por primera vez en su vida veía la posibilidad de disfrutar de cierta libertad, en el otoñode su edad; y no tenía la menor intención de desaprovecharla.
Durante toda su vida había trabajado duro en el mar y sus ingresos nunca bastaron más que para mantener a Svea y a los hijos. Desde que se jubiló, sólo contaban con su escasa pensión para vivir. Sin dinero no había posibilidad de empezar una nueva vida en otro lugar, él solo. Aquella oportunidad se le había ofrecido como un regalodel cielo y era además tan simple que resultaba ridículo. Pero si alguien estaba dispuesto a pagar una suma desproporcionada por pocas horas de trabajo a la semana, no era su problema. Él no pensaba protestar. El montón de billetes que guardaba en la caja de madera tras el contenedor de los residuos orgánicos había ido creciendo en tan solo un año hasta convertirse en un imponente fajo y prontotendría lo suficiente como para retirarse a regiones más cálidas.
Se detuvo para recuperar el aliento en el último tramo de la escarpada pendiente y se masajeó las manos doloridas por el reuma. España o tal vez Grecia, conseguirían aplacar el frío que, se diría, se generaba en su interior. Eilert contaba con que aún le quedaban diez años, como mínimo, hasta que llegase el momento de estirar lapata y tenía el firme propósito de sacarles el mejor partido. ¡Qué carajo iba él a pasarlos con la parienta, ni hablar!
El paseo diario que daba por la mañana, bien temprano, había constituido el único momento de paz y tranquilidad del que disfrutaba, además de proporcionarle el ejercicio que tanto necesitaba. Siempre seguía el mismo recorrido y quienes conocían sus costumbres solíanasomarse a la puerta para charlar con él un rato. Le agradaba en particular pararse a hablar con la muchacha de la casa que había al final de la pendiente, junto a la escuela de Håkebackenskolan. Sólo estaba allí los fines de semana, siempre sola, pero le gustaba hablar sin prisas de todo lo habido y por haber. Y también le interesaba a la señorita Alexandra el pasado de Fjällbacka, asunto sobre el queEilert departía con gusto. Y era muy hermosa. De eso entendía él aún, pese a que ya era viejo. Cierto que había corrido algún que otro rumor sobre ella, pero si uno se prestaba a atender las habladurías de las mujeres no le quedaba tiempo para otra cosa.
Hacía un año aproximadamente que ella le había preguntado si no le vendría bien echarle un ojo a la casa de vez en cuando, ya que pasaba...
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