Las rocas

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Una excursión por la ruta lenta de España

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''¿Te refieres a ese largo y tedioso tren? ¿Sabes que se detiene en todos y cada uno de los pueblos en su ruta?'', me advirtió un amigo de Madrid, al enterarse de mis planes de hacer un recorrido por tren con escalas por la costa del norte de España, desde las verdes colinas, pintorescos estuarios y altos y tupidos bosques de Galiciahasta las montañas rematadas de nieve de Cantabria.

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En un año en que las grandes noticias acerca de las vías ferroviarias en España ha sido la expansión de las líneas ferroviarias para trenes de alta velocidad AVE que unen a las capitales regionales en tiempos sin precedentes, podría parecerextraño que alguien eligiera pasar cinco días visitando – sea desde la comodidad de un vagón con clima controlado o descendiendo del tren y paseando – prácticamente cada pueblo medieval con mercado o caleta de pescadores en el variopinto paisaje del norte.
 
El hecho sencillo es que los trenes vinculan pueblos en tanto que las autopistas se conectan con otras carreteras que casi siempre pasan a unabuena distancia del centro histórico de cualquier poblado de 1,000 años de antigüedad que vale la pena conocer. Y el FEVE, el “tedioso y viejo tren” que mencionamos, es en sí un pedazo de historia. Aunque está completamente modernizado, sigue siendo el mayor sistema de trenes de vía estrecha en Europa y es, sin duda, la arteria ferroviaria más importante del norte de España, conectándose a una redsimilar en la región vasca del país que corre hasta la frontera con Francia.
 
Con sus vías más estrechas, el FEVE es perfecto para correr pegado a costas irregulares y agrestes, y ascender por las empinadas hondonadas y desfiladeros, llevando a sus pasajeros hasta estar en medio de la belleza natural y de la vida cotidiana de la región. Quienes viajan en el FEVE muy probablemente sonresidentes de alguna aldea que van camino a otro pueblo vecino para visitar a su carnicero favorito, o bien pueden ser un grupo de ciclistas ingleses que llevan a cabo una investigación personal y a fondo de los albarinos y otros vinos blancos locales.

Fue así como, con cierta emoción, abordé el tren de las 10:30 a.m. que salía del pueblo de Ferrol, en Galicia, lugar natal de Francisco Franco. Cuandolas puertas se cerraron y el tren comenzó a deslizarse para salir de la limpia y modesta estación, pintada de amarillo y blanco, una pareja entrada en años ataviada con discretos tweeds estableció una tregua de silencio en un vigoroso debate que parecía girar acerca de la mantequilla, y se persinaron para invocar un viaje seguro, antes de dedicar su atención al paisaje que volaba a través de lasventanillas.
 
En ese instante podría pensarse que Franco seguía en el poder, pero lo cierto es que después de pasar las 24 horas anteriores dándome una vuelta en las playas de surfing de Ferrol, como Doninos y Pantin – ambas fueron anfitriones en fechas recientes de campeonatos internacionales de ese deporte – me resultó evidente que incluso en El Ferrol del Caudillo, como era llamada la ciudaddurante la época de poder del Generalísimo y varios años después de su muerte, ha dado acogida a una actitud más relajada y moderna. Hace un par de año, una estatua ecuestre de bronce de Franco, de tamaño superior al natural, fue subrepticiamente removida y colocada en el bello museo naval del pueblo.
 
Treinta minutos y más o menos 30 escalas en pueblos después de nuestra partida, desaparecimosentre valles densamente arbolados, dominados, aunque resulte sorprendente, por eucaliptos plateados. Estos árboles de rápido crecimiento fueron introducidos en España siglos después de que la construcción de la Armada Española dejó al país prácticamente sin vida forestal. Una vez más allá de Ortigueira, cerca del extremo más septentrional de España, los árboles cedieron su lugar a imágenes del...
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