Las semillas del ayer

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V. C. Andrews

Semillas del ayer

índice
LIBRO PRIMERO ..............................................................................2 LIBRO SEGUNDO ........................................................................... 59 LIBRO TERCERO.......................................................................... 128EPÍLOGO...................................................................................... 172

Semillas del ayer

V.C. Andrews

LIBRO PRIMERO
FOXWORTH HALL Y así llegó el verano en que, cuando yo tenía cincuenta y dos años, y Chris, cincuenta y cuatro, se cumplió finalmente la promesa de riquezas que nuestra madre nos había hecho hacía mucho tiempo, cuando Chris y yo teníamos catorce y doce años, respectivamente. Los dos nos quedamos de pie contemplandoaquella enorme y espantosa casa que habíamos esperado no volver a ver jamás. Aunque no era una reproducción exacta del Foxworth Hall original, sentí un estremecimiento interior. Qué precio habíamos tenido que pagar Chris y yo para estar ahí, donde nos hallábamos en ese momento, dueños provisionales de esa gigantesca casa que hubiera debido permanecer en ruinas carbonizadas. En otro tiempo muy lejano,yo había creído que los dos viviríamos en aquella casa como una princesa y un príncipe, y que entre nosotros existía el toque dorado” del rey Midas, aunque mejor controlado. No he vuelto a creer en cuentos de hadas. Tan vivamente como si hubiera sucedido el día anterior, recordé aquella desapacible noche de verano, tenuemente iluminada por la mística luz de la luna llena y estrellas mágicas en uncielo de terciopelo negro, cuando nos acercamos a ese lugar por vez primera, con la esperanza de que únicamente nos sucedería lo mejor para acabar encontrando solamente lo peor. Por aquel entonces Chris y yo éramos tan jóvenes, inocentes y confiados que creíamos en nuestra madre, la amábamos, nos dejábamos guiar por ella mientras nos conducía, a nosotros y a nuestros hermanos gemelos, una parejitade cinco años, a través de una noche en cierto modo horrible, hacia aquella mansión llamada Foxworth Hall. A partir de aquel momento, todos nuestros días futuros estarían iluminados por el verde, símbolo de riqueza, y el amarillo de la felicidad. Qué fe tan ciega tuvimos cuando la seguíamos de cerca. Encerrados en aquella sombría y lúgubre habitación en lo alto de la escalera, jugando en aquelático mohoso y polvoriento, habíamos conservado nuestra confianza en las promesas de nuestra madre de que algún día poseeríamos Foxworth Hall y todas sus fabulosas riquezas. Sin embargo, a pesar de sus promesas, un viejo abuelo, cruel e inhumano, con un perverso pero tenaz corazón, que rehusaba dejar de latir para que cuatro jóvenes corazones, rebosantes de esperanza, pudieran vivir, lo impedía, demodo que nosotros esperamos y esperamos, hasta que transcurrieron más de tres larguísimos años y sin que mamá cumpliera su promesa. Y no fue hasta el día en que ella murió —y se leyó su última voluntad— cuando Foxworth Hall cayó bajo nuestro control. Ella había legado la mansión a Bart, su nieto favorito, e hijo mío y de su propio segundo marido; pero hasta que Bart cumpliese veinticinco años, laspropiedades quedaban bajo la custodia de Chris. La reconstrucción de Foxworth Hall había sido ordenada antes de que ella partiera hacia California para buscarnos, pero hasta después de su muerte no fueron completados los últimos retoques de la nueva Foxworth Hall. Durante quince años, la casa permaneció vacía, cuidada por celadores, administrada legalmente por un bufete de abogados que habíanescrito o telefoneado a Chris para discutir con él los problemas que iban surgiendo. La mansión aguardaba, agraviada tal vez, el día en que Bart decidiese vivir allí, como siempre habíamos supuesto haría un día. Y ahora nos la cedía por un corto espacio de tiempo para que fuese nuestra hasta que él llegase y tomase posesión de todo. «Siempre existe una trampa en cada ganga ofrecida», susurraba mi...
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