LAS TIERRA PRODIGAS

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LAS TIERRA PRODIGAS
Pascual Medellín, promotor enviado por el gobierno federal, llega a La Encarnación, enorme propiedad de Ricardo Guerra, alias el Amarillo, uno de los siete caciques regionales, verdaderos señores de horca y cuchillo, dueños de vidas y haciendas.
Sotero Castillo, Eulogio Parra, Pánfilo Rubio y Pablo Flores reciben a Medellín, en ausencia del anfitrión y propietario.
Desde elprincipio, Medellín percibe la rivalidad entre los presentes, así como sus intenciones de impedir la intervención del gobierno en contra del poder caciquil.
El Amarillo se presenta al día siguiente e invita a sus huéspedes a hacer un recorrido por las playas, lomas y plantaciones frutales de ésta que es, verdaderamente, la tierra pródiga. Al terminar el paseo, los cinco caciques presentes —puesfaltan jesús Cordero, quien desde Autlán domina sus posesiones y sus negocios de agiotista, y Tiburcio Lemus, "talamontes" y dueño de madererías— expresan su proyecto de obtener del gobierno más créditos para continuar desarrollando cada cual sus propiedades. Medellín les asegura el interés de la administración federal, dispuesta a otorgar créditos y a realizar obras públicas, caminos, escuelas,hospitales, siempre y cuando los caciques entren en sociedad con el gobierno quien, en calidad de socio mayoritario, vigilará todos los proyectos de desarrollo y su puntual ejecución. Los caciques recelan de que semejante intervención es una mengua en su poder sobre tierras y hombres, por lo que se despiden sin llegar a compromiso alguno con Medellín, quien con palabras veladas les lanza la amenaza deque "si no entran en razón, se integran en sociedad con el gobierno y desisten de sus prácticas ilegales, no sólo quedarán privados de los créditos sino en situación muy precaria, porque carecen de títulos de propiedad para esas tierras que han tomado por la fuerza". Ya a solas, el Amarillo rememora cuántos esfuerzos viene invirtiendo para lograr su sueño de convertir La Encarnación en un inmensocentro turístico para su personal beneficio; cómo batalló para salir de pobre, ya que de simple transportista pasó a ser el hombre más poderoso y temible de la región; asimismo, recuerda a las mujeres cuyos nombres dio a playas y puntas costeras, amoríos pasajeros cultivados con cinismo delante de su esposa Elena, a quien humilla y maltrata; pero eso sí, "dándole su lugar" y entera confianza.Guerra piensa también en Gertrudis, la hija menor de Sotero Castillo, a quien desea tanto como odia al padre.
Los siete caciques libran una lucha sin cuartel para ver quién aventaja a los demás, quién "se los madruga". Por ello, compiten para obtener más créditos, cuyos pagos diferirán hasta nulificarlos, como siempre lo han hecho.
Sin embargo, Medellín piensa aprovechar esa rivalidad para,oponiéndolos unos con otros, derrotarlos y acabar con el caciquismo que mantiene la región hundida en la violencia. El más apropiado para sus propósitos parece ser el Amarillo.
Los caciques se reúnen a deliberar en busca de una solución. Ya han empezado a llegar maquinaria, ingenieros, contratistas, tropas para custodiar todo. La única salida sería unir fuerzas, pero los rencores, recelos y venganzaspendientes les impiden llegar a un total acuerdo.
De pronto, los acreedores comienzan a exigir el pago de deudas y llueven los embargos. El primer afectado es Guerra, quien se ve obligado a echar mano de todos sus recursos para salir del paso: halagos, sobornos, viejas relaciones... Al fin, se acerca al ingeniero Medellín, ya en la capital del estado.
Mientras el Amarillo anda lejos de La Encarnación,ésta es devastada por un ciclón. Elena se salva de milagro con el auxilio de Sotero Castillo, quien secretamente la desea desde hace años.
Cuando Guerra regresa, lo hace con el respaldo de Medellín e inicia no sólo la reconstrucción de sus destruidas propiedades sino el proyecto turístico o, al menos, así le parece.
Guerra también trae el propósito de seducir a Gertrudis. Con el pretexto de...