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Corregido y adaptado por Andrea García (Bogota/Colombia)

Furia
El Diario de los Vampiros – Libro 3

Capitulo 1
Elena penetró en el claro. Bajo sus pies, jirones de hojas otoñales se congelaban en la nieve fangosa. Había oscurecido, y aunque la tormenta empezaba aamainar, el bosque se volvía cada vez más frío. Elena no sentía el frío. Tampoco le importaba la oscuridad. Sus pupilas se abrieron completamente, recogiendo diminutas partículas de luz que habrían sido invisibles para un humano. Distinguió con toda claridad las dos figuras que forcejeaban bajo el gran roble.
Una tenía una oscura cabellera espesa que el viento había revuelto y convertido en unalborotado mar de olas. Era ligeramente más alta que la otra, y aunque no podía ver su rostro, en cierto modo supo que sus ojos eran verdes.
La otra tenía una mata de cabellos oscuros también, pero los suyos eran más finos y lisos, casi como el pelaje de un animal. Sus labios estaban tensados hacia atrás, mostrando los dientes con furia, y la gracia perezosa de su cuerpo estaba reunida en la poseagazapada de una pantera. Sus ojos eran negros. Elena los observó durante varios minutos sin moverse. Había olvidado por qué había acudido allí, por qué la habían arrastrado allí los ecos de la pelea en su mente. Atan poca distancia, el clamor de su rabia, su odio y su dolor era casi ensordecedor, como gritos silenciosos surgiendo de los combatientes. Estaban enzarzados en un combate a muerte.
«Mepregunto cuál de ellos vencerá», pensó. Los dos estaban heridos y sangraban, y el brazo izquierdo del más alto colgaba en un ángulo antinatural. Con todo, acababa de empujar al otro contra el tronco retorcido de un roble, y su furia era tan fuerte que Elena podía sentirla y paladearla, así como oírla, y sabía que le estaba proporcionando una fuerza increíble.
Y entonces Elena recordó por qué habíaido allí. ¿Cómo podía haberlo olvidado? Él estaba herido. Su mente la había llamado allí, apaleándola con ondas expansivas de rabia y dolor. Ella había acudido a ayudarle, porque ella le pertenecía.
Las dos figuras estaban caídas en el suelo helado ahora, peleando como lobos, gruñendo. Veloz y silenciosa, Elena fue hacia ellos. El de los cabellos ondulados y ojos verdes —Stefan, musitó una voz ensu cabeza— estaba encima, con los dedos buscando desesperadamente la garganta del otro. La cólera inundó a Elena, la cólera y una actitud protectora. Alargó el brazo entre los dos para asir aquella mano que intentaba estrangular, para tirar hacia arriba de los dedos.
Ni se le ocurrió que no sería bastante fuerte para hacerlo. Era bastante fuerte, eso era todo. Arrojó su peso a un lado, arrancandoal cautivo de su oponente. Por si acaso, hizo presión sobre su brazo herido, derribando al atacante de cara sobre la nieve fangosa cubierta de hojas.
Luego empezó a asfixiarlo por detrás. Su ataque le había cogido por sorpresa, pero no estaba ni con mucho vencido. Devolvió el golpe, la mano sana buscando a tientas la garganta de la muchacha. El pulgar se hundió en su tráquea. Elena se encontróabalanzándose sobre la mano, yendo a por ella con los dientes. Su mente no lo comprendía, pero el cuerpo sabía qué hacer. Sus dientes eran una arma y desgarraron la carne, haciendo correr la sangre.
Pero él era más fuerte que ella. Con una violenta sacudida de los hombros se liberó y retorció entre sus manos, arrojándola al suelo. Y entonces fue él quien estuvo encima de ella, con el rostrocontorsionado por una furia animal. Ella le siseó y fue a por sus ojos con sus uñas, pero él apartó la mano de un golpe.
Iba a matarla. Incluso herido, era con mucho el más fuerte. Sus labios se habían echado hacia atrás para mostrar dientes manchados ya de escarlata. Como una cobra, estaba listo para atacar.
Entonces se detuvo, cerniéndose sobre ella, mientras su expresión cambiaba. Elena vio que...
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