Lengua española

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El mandarín
José Antonio Ramos Sucre

Caracas: Monte Ávila, 1998.

Yo había perdido la gracia del emperador de China. No podía dirigirme a los ciudadanos sin advertirles de modo explícito midegradación. Un rival me acusó de haberme sustraído a la visita de mis padres cuando pulsaron el tímpano colocado a la puerta de mi audiencia. Mis criados me negaron a los dos ancianos, caducos ydesdentados, y los despidieron a palos. Yo me prosterné a los pies del emperador cuando bajaba a su jardín por la escalera de granito. Recuperé el favor comparando su rostro al de la luna. Me confió eldebelamiento y el gobierno de un distrito lejano, en donde habían sobrevenido desórdenes. Aproveché la ocasión de probar mi fidelidad. La miseria había soliviantado a los nativos. Agonizaban de hambre encompañía de sus perros furiosos. Las mujeres abandonaban sus criaturas a unos cerdos horripilantes. No era posible roturar el suelo sin provocar la salida y la difusión de miasmas pestilentes. Aquellosseres lloraban en el nacimiento de un hijo y ahorraban escrupulosamente para comprarse un ataúd. Yo restablecí la paz descabezando a los hombres y vendiendo sus cráneos para amuletos. Mis soldadoscortaron después las manos de las mujeres. El emperador me honró con su visita, me subió algunos grados en su privanza y me prometió la perdición de mis émulos. Sonrió dichosamente al mirar los brazosde las mujeres convertidos en bastones. Las hijas de mis rivales salieron a mendigar por los caminos.

Preludio Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente missentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras. Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en lanoche que cubre el desierto de nieve. El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado de brazo con la muerte. Ella es una blanca Beatriz, y, de pies...
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