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  • Publicado : 10 de marzo de 2011
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El siglo XIX, tan grande, y tan calumniado injustamente, que ha destruido preocupaciones sin cuento, que ha confirmado el principio de igualdad de inteligencias y aptitudes en el hombre y en la mujer, aunque sea todavía cuestión litigiosa la igualdad de derechos políticos, ha facilitado a aquélla el estudio de las ciencias y de las letras: el áspero dictamen de los que sólo le permitían lalectura de los libros de rezo va siendo sustituido por una idea de justicia que ya no acapara exclusivamente para el hombre la educación y la enseñanza. Por eso, como la literatura, y con especialidad la poesía, son hijas predilectas de la civilización, aumenta el número de las escritoras a medida que la mujer aprende y se ilustra. Muchas hemos contado, y contamos, en este siglo, que atestiguan eltalento y la inspiración de las mujeres españolas1.

Escribía estas palabras el poeta José de Velilla al frente de la corona poética que los compañeros y amigos de Antonia Díaz publicaron tras su muerte. Cita Velilla a continuación los nombres de Concepción Arenal, Fernán Caballero, Patrocinio de Biedma, María del Pilar Sinués, Emilia Pardo Bazán, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosario de Acuña,Joaquina García Balmaseda, Ángela Grassi, Carolina Coronado, Concepción de Estevarena, Mercedes de Velilla y Rosalía de Castro. Termina: «Brilla, entre tantas, con luz propia y como estrella de primera magnitud, D.ª Antonia Díaz y Fernández [...]»2. El nuevo papel que la mujer escritora ha alcanzado en el siglo XIX es un tema ya estudiado y no parece necesario entrar aquí en reflexiones de ordengeneral3. Varias de las escritoras presentadas en la bibliografía, hasta fecha no muy lejana desconocidas e imposibles de leer en ediciones actuales, cuentan ya con trabajos que han puesto de relieve sus particularidades bio-bibliográficas. Antonia Díaz no ha gozado en ellos de gran protagonismo: incluida en el completo diccionario preparado por María del Carmen Simón Palmer, no se la menciona en losensayos y antologías sobre esta parcela de la creación decimonónica. Sólo en libros circunscritos a las letras sevillanas o andaluzas se encuentran referencias algo más extensas acerca de su vida y obra. Además, merece algunas páginas en el manual de José M.ª de Cossío y un breve juicio en la historia de la literatura de Francisco Blanco García4. Sin embargo, la autora se relacionó con suscompañeras de oficio, publicó textos en la prensa andaluza y madrileña dirigida a la mujer, y, sobre todo, retomando a Velilla, «brilla» con singulares contornos en el ámbito literario sevillano, donde, aunque se codea con otras mujeres como Mercedes de Velilla, Concepción de Estevarena y Blanca de los Ríos, a veces figura como única fémina en índices y cabeceras de colaboradores de prensa. Según indicantodos los testimonios que hemos consultado, Antonia Díaz alcanzó una gran reputación y mereció los más elevados juicios. José Cáscales la califica como «una verdadera gloria sevillana»5.

La obra de Antonia Díaz manifiesta deudas diversas: heredera del espíritu clasicista y continuadora de registros y motivos románticos ya tópicos, sus momentos más felices se encuentran en su poesía de tonomenor, en las fábulas, apólogos, leyendas y composiciones intimistas. Sus versos más atractivos son aquellos que, lejos de la entonación civil y circunstancial, permiten entrever rasgos directos de su personalidad como escritora y mujer, facetas difícilmente separables, y más en una señora que, sin hijos y padeciendo una enfermedad que la mantuvo en apartamiento y reposo (anemia cerebral a decir dePineda Novo6), dedicó sus horas a las letras y la caridad. Su boda con el también poeta José Lamarque de Novoa, quien la apoyó y animó siempre, contribuyó a esta principal dedicación. Juntos vivieron primero en Sevilla y, más tarde, en un hermoso y especial hogar que Lamarque construyó para el descanso de su esposa: la Alquería del Pilar, en la ciudad de Dos Hermanas, población inmediata a la...
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