Lettres persanes

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  • Publicado : 30 de septiembre de 2010
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A las auroras, me decidía que fuera a examinar las callejuelas del zoco. Cuando yo llegaba allá, hay legiones de personas exóticas y altas en colores. El ambiente allí era sofocante y el aire fueperfumado allí de más ambrées y condimentadas. Mi olfato era estimulado por estos olores de canela y alcaravea, de nuez moscada y azafrán mientras que mis ojos se sorprendían ante los centenares de telasde seda y terciopelo a los calores colores del Orienta. Entre este montón de fruslerías exóticas, se tenía un anciano, corpulento, vestido de seda bermeja y llevando un turbante decorado de plumasvincapervinca. Sus ojos eran grises como la noche y su barba, blanca como la nieve que cae en una mañana de invierno. Inmediatamente lo observé entrada de los otros, ya que gritaba alto y fuerte en unespañol incomprensible. Me acerqué incontinente a su tenderete, y entre los bolsos de especias y los andrajos en toda clase, distinguí una clase de pasta blancuzca y brillante, incrustada de almendras,exhalando un suave olor, aunque era indescriptible, una clase de mezcla de miel y frutas secas. Acercándose mi mano de esta confitería de Este, el negociante me retuvo firmemente la mano. Parecíaatacarme de su dialecto, pero intentaba expresarle mi voluntad a través de gestos torpes. Nos comprendimos finalmente, y le pedí entonces de dónde venía esta sabrosa golosina. Me explicó que se nombrabaesta pasta azucarada “turron”, y que se trajo en Andalucía por los Árabes. Me extasiant ante este delicioso descubrimiento, le pedí mientras que eran trabajadas las figuritas de ébano, dispuestas enuna bandeja de cedro, pinto de un tablero blanco y negro. Me dice mientras que era el juego más apreciado a Granada, y que fueron aún los Árabes, que importaron este juego sobre la península. Me quedaentonces, que importaron este juego sobre la península. Me queda entonces una taza de estaño, que llena con habilidad de té de menta, me propuso entonces sentarme. Sentándose frente mi, me dijo...
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