Leyenda de la 7 cuevas

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LAS 7 CUEVAS

Cuenta la "Historia de las indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme", de Fray Diego Durán -hermoso libro escrito a raíz de la colonización española de tan vasto Imperio- que viéndose el emperador Moctezuma en la plenitud de sus riquezas y gloria, se creyó poco menos que un Dios. Los magos o sacerdotes del reino, mucho más sabios que él y más ricos, puesto que dominaban todossus deseos inferiores, hubieron de decirle:
¡Oh, nuestro rey y señor! No te envanezcas por nada de cuanto obedece a tus órdenes. Tus antepasados, los emperadores que tú crees muertos, te superan allá en su mundo tanto como la luz del Sol supera a la de cualquier luciérnaga...

Entonces el emperador Moctezuma, con más curiosidad aún que orgullo, determinó enviar una lúcida embajada cargada depresentes a la Tierra de sus mayores, o sea a la bendita Mansión del Amanecer, más allá de las siete cuevas de Pacaritambo, de donde era fama que procedía el pueblo azteca y de las que tan laudatoria mención hacen sus viejas tradiciones. La dificultad, empero, estaba en lograr los medios y el verdadero camino para llegar felizmente a tan oscura y misteriosa región, camino que, en verdad, noparecía conocer ya nadie.

Entonces, el emperador hizo comparecer a su ministro Tlacaelel ante su presencia, diciéndole:

Has de saber ¡Oh Tlacaelel!, que he determinado juntar una hueste compuesta por mis más heroicos caudillos y enviarlos muy bien aderezados y apercibidos con gran parte de las riquezas que el Gran Huitzilopochtli se ha servido depararnos para su gloria, y hacer que las vayan aponer reverentemente a sus augustos pies. Como también tenemos fidedignas noticias de que la madre misma de nuestro Dios aún vive, podía serle grato también el saber de aquestas nuestras grandezas y esplendores ganados por sus descendientes con sus brazos y sus cabezas.

Tlacaelel respondió. "Poderoso Señor. Al hablar tal como has hablado, no se ha movido, no, tu real pecho por ansias de mundanosnegocios, ni por propias determinaciones de tu tan augusto corazón, sino porque alguna deidad excelsa así te mueve a emprender aventura tan inaudita como la que pretendes. Pero no debes ignorar, Señor, que lo que con tanta decisión has determinado. No es cosa de mera fuerza, ni de destreza o valentía, ni de aparato alguno de guerra, ni de astuta política, sino cosa de brujas y de encantadorescapaces de descubrirnos previamente con sus artes el camino que conducirnos pueda a semejantes lugares. Porque has de saber, ¡Oh poderoso príncipe! que, según cuentan nuestras viejas historias, semejante camino está cortado desde luengos años ha, y su parte de este lado ciega ya con grandes jarales, y breñales poblados de monstruos invencibles, médanos y lagunas sin fondo, y espesísimos carrizales ycañaverales donde perderá la vida cualquiera que semejante empresa intente temerario. Busca, pues, Señor, como remedio único contra tamaños imposibles a esa gente sabia que te digo, que ellos, por sus artes mágicas podrán quizá salvar todos, esos imposibles humanos, e ir hasta allá trayéndote luego las nuevas que nos son precisas acerca de semejante región, región de la que se dice por muy ciertoque cuando nuestros abuelos y padres la habitaron antes de venir en larga peregrinación hasta las lagunas de México, en las que vieron el prodigio del tunal o zarza ardiendo, era una prodigiosísima y amena mansión donde disfrutaban de la paz y del descanso, donde todo era feliz más que en el más hermoso de los ensueños, y donde vivían siglos y siglos sin tornarse viejos ni saber lo que eranenfermedades, fatigas ni dolores, ni tener, en fin, ninguna de esas esclavizadoras necesidades físicas que aquí padecemos, pero después que de tal paraíso salieron nuestros mayores para venir aquí, todo se les volvió espinas y abrojos; las hierbas les pinchaban; las piedras les herían y los árboles del camino se les tornaron duros, espinosos e infecundos, conjurándose todo contra ellos para que no,...
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