Libro autobiografia de freud

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 89 (22238 palabras )
  • Descarga(s) : 10
  • Publicado : 21 de junio de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
CXXXI AUTOBIOGRAFÍA 1924
Biblioteca | Sigmund Freud

Página 1 de 53

VARIOS colaboradores de esta colección inician sus trabajos haciendo resaltar la espinosa singularidad de su contenido. Para mí resulta aún más ardua la labor, pues en los repetidos trabajos de este género que tengo ya publicados he tropezado siempre con que la especial naturaleza del tema obligaba a hablar de mí mismo másde lo que generalmente es costumbre o se juzga necesario. 
Mi primera exposición del desarrollo y el contenido del psicoanálisis quedó integrada en las cinco conferencias que la Clark University, de Worcester (Estados Unidos), me invitó a pronunciar en sus aulas durante las fiestas con que celebró el vigésimo aniversario de su fundación (1909). Recientemente he escrito para una publicaciónamericana, Los comienzos del siglo XX, cuyos lectores hicieron honor a la importancia de nuestra disciplina reservándola en un capítulo especial otro trabajo análogo. En el mismo intervalo, la revista Jahrbuch der Psychoanalyse publicó un ensayo mío, titulado Historia del psicoanálisis, que contiene ya todo lo que aquí pudiera comunicar. Siéndome imposible contradecirme, y no queriendo repetir sinmodificación lo ya expuesto en otros lugares, habré de intentar establecer en el presente trabajo una nueva proporción de elementos subjetivos y objetivos, fundiendo lo biográfico con lo histórico. 
Nací el año 1856 en Freiberg (Moravia), pequeña ciudad de la actual Checoslovaquia. Mispadres eran judíos, confesión a la que continúo perteneciendo. De mis ascendientes por línea paterna creo saber quevivieron durante muchos años en Colonia; emigraron en el siglo XIV o XV hacia el Este obligados por una persecución contra los judíos, y retornaron luego en el siglo XIX a través de Lituania y Galitzia, estableciéndose en Austria. Cuando tenía yo cuatro años me trajeron mis padres a Viena, ciudad en la que he seguido todos los grados de instrucción. 
En el Gymnasium conservé durante siete años elprimer puesto, gozando así de una situación privilegiada y siéndome dispensados casi todos los exámenes. Aunque nuestra posición económica no era desahogada, quería mi padre que para escoger carreraatendiese únicamente a mis inclinaciones. En aquellos años juveniles no sentía predilección especial ninguna por la actividad médica, ni tampoco la he sentido después. Lo que me dominaba era una especiede curiosidad relativa más bien a las circunstancias humanas que a los objetos naturales, y que no había reconocido aún la observación como el medio principal de satisfacerse. 
Mi profunda dedicación a los escritos bíblicos (iniciada casi al tiempo que aprendí el arte de la lectura) tuvo, como lo reconocí mucho después, un prolongado efecto en la línea de mis intereses.

CXXXI AUTOBIOGRAFÍA1924 - pág.2

Biblioteca | Sigmund Freud

Página 2 de 53

Bajo la poderosa influencia de una amistad escolar con un niño mayor que yo, que llegó a ser un destacado político, se me formó el deseo de estudiar leyes como él y de obligarme a actividades sociales. 
La teoría de Darwin, muy en boga por entonces, me atraía extraordinariamente porque quería prometer un gran progreso hacia lacomprensión del mundo. La lectura del ensayo goethiano La Naturaleza, escuchada en una conferencia de vulgarización científica, me decidió por último a inscribirme en la Facultad de Medicina. 
La Universidad, a cuyas aulas comencé a asistir en 1873, me procuró al principio sensibles decepciones. Ante todo, me preocupaba la idea de que mi permanencia a la confesión israelita me colocaba en una situación deinferioridad con respecto a mis condiscípulos, entre los cuales resultaba un extranjero. Pero pronto rechacé con toda energía tal preocupación. 
Nunca he podido comprender por qué habría de avergonzarme de mi origen o, como entonces comenzaba ya a decirse, de mi raza. Asimismo renuncié sin gran sentimiento a la connacionalidad que se me negaba. Pensé, en efecto, que para un celoso trabajador...
tracking img