Libro el diablo de la botella

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El diablo de la botella
Stevenson, Robert Louis

Published: 1893 Type(s): Short Fiction Source: http://es.wikisource.org/wiki/Robert_Louis_Stevenson

1

About Stevenson: Robert Louis (Balfour) Stevenson (November 13, 1850–December 3, 1894), was a Scottish novelist, poet, and travel writer, and a leading representative of Neo-romanticism in English literature. He was the man who "seemed topick the right word up on the point of his pen, like a man playing spillikins", as G. K. Chesterton put it. He was also greatly admired by many authors, including Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Rudyard Kipling and Vladimir Nabokov. Most modernist writers dismissed him, however, because he was popular and did not write within their narrow definition of literature. It is only recently thatcritics have begun to look beyond Stevenson's popularity and allow him a place in the canon. Source: Wikipedia Also available on Feedbooks for Stevenson: • El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) • Markheim (1885) Note: This book is brought to you by Feedbooks. http://www.feedbooks.com Strictly for personal use, do not use this file for commercial purposes.

2

HABÍA un hombre en laisla de Hawaii al que llamaré Keawe; porque la verdad es que aún vive y que su nombre debe permanecer secreto; pero su lugar de nacimiento no estaba lejos de Honaunau, donde los huesos de Keawe el Grande yacen escondidos en una cueva. Este hombre era pobre, valiente y activo; leía y escribía tan bien como un maestro de escuela; además era un marinero de primera clase que había trabajado durantealgún tiempo en los vapores de la isla y pilotado un ballenero en la costa de Hamakua. Finalmente, a Keawe se le ocurrió que le gustaría ver el gran mundo y las ciudades extranjeras y se embarcó con rumbo a San Francisco. San Francisco es una hermosa ciudad, con un excelente puerto y muchas personas adineradas; y, más en concreto, existe en esa ciudad una colina que está cubierta de palacios. Un día,Keawe se paseaba por esta colina con mucho dinero en el bolsillo, contemplando con evidente placer las elegantes casas que se alzaban a ambos lados de la calle. «¡Qué casas tan buenas!», iba pensando, «y ¡qué felices deben de ser las personas que viven en ellas, que no necesitan preocuparse del mañana!». Seguía aún reflexionando sobre esto cuando llegó a la altura de una casa más pequeña quealgunas de las otras, pero muy bien acabada y tan bonita como un juguete; los escalones de la entrada brillaban como plata, los bordes del jardín florecían como guirnaldas y las ventanas resplandecían como diamantes. Keawe se detuvo, maravillándose de la excelencia de todo. Al pararse, se dio cuenta de que un hombre le estaba mirando a través de una ventana tan transparente que Keawe lo veía como se vea un pez en una cala junto a los arrecifes. Era un hombre maduro, calvo y de barba negra; su rostro tenía una expresión pesarosa y suspiraba amargamente. Lo cierto es que mientras Keawe contemplaba al hombre y el hombre observaba a Keawe, cada uno de ellos envidiaba al otro. De repente, el hombre sonrió moviendo la cabeza, hizo un gesto a Keawe para que entrara y se reunió con él en la puerta dela casa. –Es muy hermosa esta casa mía –dijo el hombre, suspirando amargamente–. ¿No le gustaría ver las habitaciones? Y así fue como Keawe recorrió con él la casa, desde el sótano hasta el tejado; todo lo que había en ella era perfecto en su estilo y Keawe manifestó su gran admiración. –Esta casa –dijo Keawe– es en verdad muy hermosa; si yo viviera en otra parecida, me pasaría el día riendo. ¿Cómoes posible, entonces, que no haga usted más que suspirar?

3

–No hay ninguna razón –dijo el hombre–, para que no tenga una casa en todo semejante a ésta, y aún más hermosa, si así lo desea. Posee usted algún dinero, ¿no es cierto? –Tengo cincuenta dólares –dijo Keawe–, pero una casa como ésta costará más de cincuenta dólares. El hombre hizo un cálculo. –Siento que no tenga más –dijo–,...
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