Libro el estudio de la television

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  • Publicado : 3 de noviembre de 2010
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1. EL ESTUDIO TELEVISIVO Y SUS BASTIDORES

Querría plantear aquí, en la televisión, cierto número de preguntas acerca de la misma. Intención un poco paradójica ya que creo, en general, que no se puede decir gran cosa en la televisión, especialmente sobre la televisión. ¿No se debería, si es verdad que no se puede decir nada en la televisión, entonces concluir con un buen número deintelectuales, artistas, escritores, entre los más importantes, que uno se debe abstener de tratar de explicarse allí?

Me parece que no se puede aceptar esta alternativa separada en términos de todo o nada. Creo que es importante ir a hablar en la televisión pero bajo ciertas condiciones. Hoy, gracias al servicio audiovisual del Colegio de Francia, me beneficio de condiciones excepcionales: en primerlugar, mi tiempo no está limitado. En segundo lugar, el tema de mi discurso no me fue impuesto -decidí libremente y aún puedo cambiarlo-. En tercer lugar, nadie está allí, como en las emisiones ordinarias, para llamarme al orden en nombre de la técnica, en nombre del "público que no comprenderá" o en nombre de la moral, del decoro, etc. Es una situación particular pues, para emplear un lenguaje pasadode moda, tengo un manejo de los instrumentos de producción que no es habitual. Insistiendo acerca de las condiciones excepcionales que se me ofrecieron, digo algo acerca de las condiciones ordinarias en las que uno es llevado a hablar a la televisión.

Pero, ¿se dirá, por qué en las condiciones ordinarias se acepta, a pesar de todo, participar en emisiones televisivas? Es una pregunta importantey sin embargo la mayoría de los investigadores, de estudiosos, de escritores, para no hablar de los periodistas que aceptan participar, no se la plantean. Creo importante indagar acerca de esta ausencia de interrogación. Me parece que aceptando participar sin preocuparse de saber si se podrá decir algo, se traiciona muy claramente que no se está allí para decir algo sino por otras razones, sobretodo para hacerse ver y ser visto. "Ser”, decía Berkeley, “es ser percibido". Para algunos de nuestros filósofos (y escritores), ser, es ser percibido por la televisión, es decir, en definitiva, ser percibido por los periodistas, ser, como se dice, bien visto por los periodistas (lo que implica una buena cantidad de compromisos y condiciones) -y es verdad que al no poder casi contar con unaproducción incesante para existir en la continuidad, no tienen otro recurso que aparecer tan frecuentemente como sea posible en la pantalla, escribir en intervalos regulares y breves, obras que, como observaba Gilles Deleuze, tienen por función principal asegurarse invitaciones a la televisión-. Así, la pantalla televisiva se convirtió hoy en una especie de espejo de Narciso, un lugar de exhibiciónnarcisista.

Este preámbulo puede parecer un poco extenso, pero considero deseable que los artistas, los escritores y los estudiosos se planteen explícitamente la pregunta -si es posible colectivamente-, para que cada uno ante sí mismo no quede en la elección de saber si es preciso aceptar o no las invitaciones a la televisión, aceptar planteando condiciones o no, etc. Desearía mucho (siempre sepuede soñar) que tomen cartas en este asunto, colectivamente, y que traten de instaurar negociaciones con los periodistas, especializados o no, para llegar a una especie de contrato. Va de suyo que no se trata ni de condenar ni de combatir a los periodistas, que sufren a menudo muchas restricciones que a su vez están obligados a imponer. Se trata, por el contrario, de asociarlos a una reflexióndestinada a buscar las formas de sobrellevar en común las amenazas de la instrumentación.

La opción del rechazo puro y simple de expresarse por la televisión no me parece defendible. Pienso incluso que, en ciertos casos, puede haber una suerte de deber, a condición de que sea posible hacerlo en ciertas condiciones razonables. Y para orientar la elección, hay que tomar en cuenta la especificidad...
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