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  • Publicado : 6 de enero de 2011
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Kim Harrison

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SERIE RACHEL MORGAN 01

LA NOCHE DE LA BRUJA MUERTA

Agradecimientos

Quisiera darle las gracias a la gente que sufrió conmigo durante las reescrituras de este libro. Ustedes saben quienes son, y les agradezco mucho. Pero antes que nada, quisiera agradecer a mi editora, Diana Gilí, por sus maravillosas sugerencias que me abrieron las puertas a muchos pensamientos, ya mi agente, Richard Curtís.

ÍNDICE

Capítulo 1 4
Capítulo 2 19
Capítulo 3 27
Capítulo 4 39
Capítulo 5 44
Capítulo 6 55
Capítulo 7 64
Capítulo 8 69
Capítulo 9 79
Capítulo 10 89
Capítulo 11 93
Capítulo 12 98Capítulo 13 108
Capítulo 14 113
Capítulo 15 124
Capítulo 16 132
Capítulo 17 141
Capítulo 18 147
Capítulo 19 156
Capítulo 20 164
Capítulo 21 174
Capítulo 22 178
Capítulo 23 188
Capítulo 24 202
Capítulo 25 209
Capítulo 26 218Capítulo 27 226
Capítulo 28 237
Capítulo 29 246
Capítulo 30 256
Capítulo 31 267
Capítulo 32 271
Capítulo 33 280
Capítulo 34 291
Las aventuras de Raquel Morgan continúan con… 296
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 304

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Capítulo 1

A la sombra de unatienda desierta, frente a la taberna Sangre y Pociones, me acomodé los pantalones de cuero tratando de pasar inadvertida. Esto es patético, pensé, mientras le echaba una mirada a la calle mojada y vacía. Soy demasiado buena como para esto.
Normalmente mi trabajo consistía en apresar brujas sin licencia y brujas negras, se necesita una bruja para atrapar a otra. Pero esta semana las calles estabanmás calladas que de costumbre. Los que podían estaban en la costa oeste, en la reunión anual, pero yo estaba aquí con este caso de pacotilla. ¡Una carga! La suerte de estar aquí en la oscuridad bajo la lluvia se la debo al Giro.
—¿A quién estoy engañando?— murmuré, acomodándome la correa del bolso sobre el hombro. Hace un mes que no me mandaban a atrapar brujas sin patente, brujas blancas,brujas negras, nada. Tal vez no fue buena idea atrapar al hijo del alcalde por andar de hombre lobo en una noche sin luna llena.
Un auto elegante dobló la esquina. Era negro, iluminado por la luz de mercurio de la calle. Esta era la tercera vez que pasaba por la cuadra. Fruncí el ceño cuando se aproximó lentamente.
—¡Maldición!,— dije. —Necesito un sitio más oscuro.
—Él piensa queeres una prostituta, Raquel, — me dijo mi asistente al oído. —Te dije que ese corpiño rojo era demasiado llamativo.
—¿Alguna vez te han dicho que hueles a murciélago borracho, Jenks?,— gruñí entre dientes, mis labios apenas moviéndose. Mi asistente estaba incómodamente cercano esta noche aferrándose a mi arete—una cosa grande, colgante— el arete, no el duende. Jenks era pretencioso, con malaactitud e igual temperamento. Claro, eso sí, sabía en qué jardín estaba el néctar. Lo mejor que me daban de asistentes eran duendes, desde aquél incidente que tuve con un sapo. Habría jurado que las hadas eran demasiado grandes para caber en la boca de un animal de esos.
Me acerqué a la esquina mientras el auto se detenía chapoteando en el asfalto mojado. Escuché el típico sonido de laventanilla automática cuando se bajó el vidrio oscuro. Me incliné acompañada de mi mejor sonrisa al tiempo que mostraba mi identificación de trabajo. Ahí desapareció la mirada lasciva del mirón y su cara se puso pálida. El auto arrancó de una vez con un chirrido de llantas. —Debe ser un dominguero, — pensé con desdén, pero No, corregí de inmediato. Parecía normal. Era humano. A pesar de ser correctos,...
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