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LUMEN GENTIUN (LUZ DEA LAS GENTES…)

Constitución Dogmática sobre la Iglesia.
Roma, 21 de noviembre de 1964
CAPITULO I
EL MISTERIO DE LA IGLESIA
EDUARDO Y MIRNA
1. Luz de las gentes es Cristo: por ello, este Sagrado Concilio, reunido bajo la inspiración del Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres con Su claridad, que resplandece sobre la faz de la Iglesia,anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Marc. 16, 15). Y puesto que la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, siguiendo la labor de los anteriores Concilios, se propone ilustrar con mayor claridad, a sus fieles y a todo el mundo, sobre su naturaleza y su misión universal. Las condiciones de estos tiemposañaden a este deber de la Iglesia una mayor urgencia: necesario es que todos los hombres, unidos hoy más íntimamente por toda clase de relaciones sociales, técnicas y culturales puedan también conseguir su plena unidad en Cristo.
2. El Padre Eterno, por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad, creó el mundo universo y decretó elevar a los hombres a la participación de su vidadivina; pero, caídos por el pecado de Adán, no los abandonó, dispensándoles siempre su auxilio para salvarse, en atención a Cristo Redentor, que es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda creación (Col. 1, 15). A todos los elegidos ya desde toda la eternidad el Padre los conoció de antemano y los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entremuchos hermanos (Rom. 8, 29). A los creyentes en Cristo los ha querido llamar a la Santa Iglesia, la cual, prefigurada ya desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en el Antiguo Testamento1, constituida en los últimos tiempos, fue manifestada por la efusión del Espíritu Santo, y tendrá su glorioso cumplimiento al final de los tiempos. Entonces, comose lee en los Santos Padres, todos los justos, ya desde Adán, desde el justo Abel hasta el último elegido2, se congregarán junto al Padre en la Iglesia universal.
3. Vino, pues, el Hijo, enviado por el Padre que en El nos eligió antes de la creación del mundo y nos predestinó a ser adoptados como hijos, porque libremente quiso restaurar en El todas las cosas (cf. Eph. 1, 4-5 y 10). Así Cristo,para cumplir la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló Su misterio, y con su obediencia realizó la redención. La Iglesia, o sea el reino de Cristo ya presente en el misterio, por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo. Comienzo y expansión, que fueron manifestados por la sangre y el agua que salieron del costado abierto de Cristo crucificado (cf. 1o.19, 34), y preanunciados por las palabras de Cristo sobre su muerte en la cruz: Y yo, cuando fuere levantado en alto desde la tierra, atraeré a todos a Mí (Io. 12, 32 gr.). Cuantas veces se celebra sobre el altar el sacrificio de la cruz en que nuestro Cordero pascual, Cristo, ha inmolado (1 Cor. 5, 7), se renueva la obra de nuestra redención y al propio tiempo, con el sacramento del paneucarístico se representa y se realiza la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo en Cristo (cf. 1 Cor. 10, 17). Todos los hombres están llamados a esta unión con Cristo que es la luz del mundo: de El venimos, por El vivimos y hacia El nos dirigimos.

JULIO Y JULIA
4. Consumada, pues, la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra (cf. Io. 17, 4), en el día de Pentecostés fue enviado elEspíritu Santo para santificar continuadamente a la Iglesia y dar a todos los creyentes por Cristo el acercarse al Padre en un mismo Espíritu (cf. Eph. 2, 18). Este es el Espíritu de vida, es la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. Io. 4, 14; 7, 38-39); por El vivifica el Padre a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales (cf. Rom. 8,...
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