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HABANA BABILONIA

PROSTITUTAS EN CUBA

Amir Valle

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Si prostituyes tu cuerpo, aún puedes salvar tu alma. Si prostituyes tu alma, ya no hay nada que salvar. Carlos Galindo Lena

A veces quisiera creer en Dios. Quisiera cerrar los ojos, pensar que existe y que todo quede resuelto en esta cochina vida de puta que llevo hace varios años. Pero parece que, si existe, Dios no tiene encuenta a las putas. A nosotras sólo nos queda perdernos en las sombras de la ciudad cuando se abren las puertas de la noche y resignarnos a ver si alguna vez El recuerda que también nos hizo. Patty

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Este libro, inicialmente, tuvo esta dedicatoria: A Berta y Tony, ojalá siempre lejos de cualquier podredumbre humana. A mis padres, que siempre andan conmigo. A Lorna, Chabely, Paddy, Camila, Daylíy Susanne, prostitutas o jineteras según dicen, por su terrible sinceridad. Pero sucede que en julio de 1996, desde Toulouse, Francia, vía fax, un amigo escribía: … no sé cómo decírtelo, pero aquí va: Susimil se nos murió. Tenía SIDA. Espera más detalles y paquete… Por eso, A Loretta, La Faraona, El Culo Más Espectacular de La Habana, o lo que es igual: A Susimil, sencillamente; amiga siempre,donde quiera que esté. Y a Cristo, por la paz.

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HABANA BABILONIA

PROSTITUTAS EN CUBA

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GÉNESIS

““Uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, vino y me dijo: “Ven, te voy a mostrar el castigo de la gran prostituta que está sentada sobre las aguas. (…) Allí vi una mujer montada en un monstruo rojo, el cual estaba cubierto de nombres ofensivos para Dios y tenía sietecabezas y diez cuernos. Aquella mujer iba vestida con ropa de colores púrpura y rojo, y estaba adornada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano una copa llena de cosas odiosas y de la impureza de sus inmoralidades sexuales…” La Biblia: Apocalipsis 17

as putas son esas hijas del Maligno que nos hacen gozar placeres innombrables sobre una cama”, me dijo hace unos años un amigo católicoque confesaba sentirse tentado a todas horas por ese lado oscuro del Mal. Entonces se iba a un burdel clandestino en La Habana Vieja de 1990, pecaba y, me dijo, “luego rezo una montaña de padrenuestros y un rosario de avemarías y me siento limpio conmigo y con Dios”. “¿Una puta es sólo eso?”, me preguntaba entonces a mí mismo y recurría a mi experiencia en aquellos eventos culturales donde algunosde mis amigos, o yo, nos metíamos con alguna mujer en una de las habitaciones del hotel que servía de sede y, para usar las palabras de mi amigo católico, “gozábamos de placeres innombrables” que terminaban ocasionalmente en enfermedades de transmisión sexual por suerte fácilmente combatibles para la medicina cubana. También de golpe recordé aquel día en que Daniel, un amigo mexicano, luego de unasuprema borrachera en un bar de Garibaldi, en pleno DF, me invitó a un “tour sexual”. Cuando llegamos eran las doce y diez de la noche y las aceras estaban llenas de mujeres tetonas, bellas, rubias, flacas, culonas, todas casi desnudas. Daniel bajó el cristal del carro y una cara de grandes cachetes coloreados y con un olor repugnante a perfume barato me dijo en sólo unos segundos: “mamadafrancesa cincuenta pesos, clavada turca setenta, una hora a la cubana cien pesos, si te gusta el dedo en el culo o que te meta un consolador son ciento cincuenta y un cuadro con nosotras tres y ustedes dos son trescientos pesos”. Miré a Daniel y le dije: ¡vamos! y Daniel arrancó. Por el retrovisor vi a la muchacha atacando a otro carro que había parqueado a unos metros. La imaginé recitándole el menú quetenía para esa noche y le dije a Daniel: ¡para aquí, compadre!. Me bajé y vomité la cerveza, el pavo asado que habíamos pedido, trozos de aceitunas y el asco por la vida de aquella mujer.

“L

iempre me llamó la atención un detalle: no podía recordar claramente el rostro de ninguna de aquellas amantes de ocasión. Sólo recordaba sus nalgas prominentes (detalle casi normal en las cubanas), la...
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