Literatura contemporánea según martín de riquer

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Capítulo 9
Teorías y realidades actuales de la literatura
La literatura en nuestro tiempo: un cambio de sentido

Desde la Primera guerra mundial hasta el momento en que escribimos, el papel y la situación de la literatura, en la vida de todos y en la vida específicamente cultural, ha cambiado muy de prisa y seguramente mucho más a fondo que nunca en la historia. Ni siquiera la introducción dela imprenta produjo un cambio tan fuerte en el modo como están presentes en la vida esas unidades de lenguaje que pretenden merecer la atención y el recuerdo, y que se empezaron a poner bajo el nombre de «literatura» bastante después de que se difundiera la letra impresa. Al final de este apartado aludiremos a la gran revolución que representa la invasión de los nuevos medios no necesitados deletra, como la radio, y, más aún, dotados de imagen —cine y televisión—. Pero ahora vamos a empezar, significativamente, por el lado menos importante: por las teorías de la literatura que han proliferado hasta rivalizar con la literatura misma —basta asomarse a una librería para observar que la teoría y la crítica literarias tienen mayor mercado que la poesía, de modo que si un poeta publica untratado sobre poética, probablemente venderá más ejemplares que de sus versos—. Pero las teorías de la literatura no suelen descender a tan obvias observaciones, que abandonan en manos de los «sociólogos de la literatura» —Raymond Williams, Robert Escarpit, etc.—. Su pretensión, además, no se declara normativa, al modo de la vieja preceptiva de las «reglas del arte», sino que pretende ser neutral ypuramente especulativa, analizando los hechos tal como ya se han producido, por más que resulte inevitablemente evaluadora, y aun sectaria, no sólo ante las obras y autores, sino incluso ante los géneros —para el «New Criticism», literatura es, por antonomasia, un poema; para las teorías marxistes, una novela—. En otro sentido, la tendencia dominante, dentro de la babélica diversidad de las teoríasliterarias, ha sido abandonar el supuesto tradicional y romántico —consolidado por el positivismo— de que el objetivo supremo del crítico es ayudar a conocer mejor al autor, secundándole en su expresión de sí mismo: ahora se ha tendido a destronar al autor para atender a la obra misma, al «texto», según se ha llegado a decir, como pequeño mundo dotado de sustancia independiente, en sí y a efectosde decir algo sobre el mundo general. Ya se dijo en su momento que Valéry introdujo la idea, al principio chocante, de que el autor no tiene autoridad para decidir cuál es el sentido legítimo de sus obras —«mis poemas —advirtió— tienen el sentido que se les preste». Pero este insigne ejemplo, por cierto, ilustra el hecho de que casi siempre ha habido grandes escritores creativos que han dichoantes, y, en todo caso, de modo más atractivo, lo que los teóricos de la literatura han tratado luego de exponer con menor gracia y mayor dogmatismo. En estas páginas, pues, será mejor que no volvamos a citar a poetas ni a novelistas, al intentar esbozar un esquema de las principales escuelas y doctrinas de la teoría o «ciencia literaria» de este siglo, tan plurales como las líneas de la actividadfilosófica contemporánea, con la que en repetidos casos se une: aquí volverá a encontrar el lector no pocos autores que ya se habían considerado en el comienzo del volumen anterior a título de pensadores filosóficos y que ahora han de reaparecer en cuanto su pensamiento incluye también una teoría de la literatura. Pero ahora, en esta nueva perspectiva, entendemos que las diversas líneas de reflexiónno están tan abismalmente separadas entre sí como las líneas de la filosofía propiamente dichas, e incluso se encuentran a menudo mezcladas y conectadas.
En efecto, hay escuelas y tendencias inicialmente bien diversas —la que va del formalismo ruso al estructuralismo francés, la psicoanalítica, la marxista—, pero luego se entrecruzan y contaminan: mientras que, en el ámbito germánico, aunque...
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