Literatura femenina del siglo xix al xxi

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La literatura femenina del siglo XIX al XXI*
Beatriz Espejo (México)
A juzgar testimonios de toda índole, en México las mujeres del siglo XIX eran consideradas representantes del "bello sexo"; pero tras la galante apreciación dicha por horondos señores quitándose la chistera con leve reverencia; tras la galante apreciación, que conllevaba supuestas virtudes morales, se escondía una trampamortal. Esa belleza y esas virtudes adjudicadas tan arbitrariamente implicaban múltiples restricciones. La más grave, cerrarles las puertas del estudio, vetarles actividades de carácter público, condenarlas al ámbito privado para ocuparse en fruslerías que iban desde rizarse los cabellos manteniendo un perico en el hombro, entretener tardes desocupadas jugando con un mono o acariciando a un perrillohecho bola sobre las faldas y repetir oraciones si ahogos soterrados les señalaban ese camino. Porque las mexicanas leían sólo el misal, aunque las primeras revistas se pensaron para que sus manos de dedos largos y uñas pulidas abrieran las páginas y con el índice recorrieran los renglones, según se desprende de los editoriales donde les rogaban sin éxito distraer algunos centavos de sus gastossemanales comprando suscripciones. A las mujeres pobres, que cargan siempre con la peor parte, se les adjudicaban el analfabetismo irredento, la vejez prematura, las tareas domésticas de lavar ropa y trastes, o algunas ocupaciones mercantiles vendiendo antojitos en estanquillos y puestos callejeros. ¿Sería por eso que muchas décadas atrás la bella y orgullosa Sor Juana, segura de su fulguranteinteligencia, en respuesta al obispo Santa Cruz que se vengaba de ella por atreverse a la interpretación de conceptos teológicos, dijo burlonamente que las mujeres sólo podían hablar de cocina?
¿Y realmente se definiría el problema del género como un tejido sutil pero evidente que denota rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, conductas, y actividades diversas en el hombre y la mujer debido aprocesos sociales e históricos que han dejado huellas? Tal vez; sin embargo una retórica al uso logra imitarse, dar literalmente gato por liebre. Algunos escritores renombrados usaban caretas acostumbrando pseudónimos femeninos, quizás para exponer sin vergüenzas machistas sus sentimientos y debilidades. Existe además un caso que tiraría el castillo de naipes construido por especialistas esforzadosen rescatar la mirada de las mujeres posándose sobre las cosas y dejando en sus textos rasgos distintivos. En 1872 señoreó el firmamento literario como estrella de la mañana una niña de dieciséis años, virgen, impoluta y talentosa cual milagro del Tepeyac emanando perfumes espirituales en torno suyo. Su nombre: Rosa Espino. Su debut: periódicos prestigiados. Su hoy inconseguible Flores del almaganó elogios, lectores entusiastas, la entrada al Liceo Hidalgo agrupación de intelectuales probados, y diploma que recogió socarronamente el general Vicente Riva Palacio, autor de los poemas y bromista irredento. Parecía un chiste destinado a los ingenuos, una conspiración entre amigos, una argucia de El Imparcial para atraer lectores. En realidad se estaba diciendo que la mejor poetisa del XIXera hombre, aunque investigaciones recientes demuestran que había centenares de mujeres empeñadas en hacer versos. Los daban a conocer principalmente en periódicos de provincia o incluso de la capital; pero la mayor parte de ellas luego de dos o tres intentos dejaban lápices y manguillos, ignoraban que la literatura, salvo contados casos de iluminación, es una carrera de fondo, una persistenciadesesperanzada, un oficio. Esas aplicadas recopilaciones tienen más valor arqueológico que artístico y demuestran pinceladas comunes en las autoras que solían mantener una posición de aficionadas frente a los hombres de letras a quienes no pretendían equipararse. En sus memorias, novelas, o apuntes de viajes solían usar la técnica del folletín, admitían los extremos de la desdicha o el gozo,...
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