Literatura

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Colegio de Bachilleres del Estado de Hidalgo
Plantel Cardonal

Semestre: 3
Grupo: 3207
Nombre: Verónica Cantha Doñu
Numero de lista: 9
Asignatura: Orientación Escolar
Docente: María Lizbeth Rodríguez Escamilla
Titulo del Trabajo: Informe Final
Nombre del libro: Marianela
Nombre del autor: Benito Pérez Galdós

Ensayo
—Aguarda, hija, no vayas tan aprisa –dijo Golfín,deteniéndose–; déjame encender un cigarro.
Estaba tan serena la noche, que no necesitó emplear las precauciones que generalmente adoptan contra el viento los fumadores. Encendido el cigarro, acercó la cerilla al rostro de la Nela, diciendo con bondad:
—A ver, enséñame tu cara.
Mirábale asombrada la muchacha, y sus negros ojuelos brillaron con un punto rojizo, como chispa, en el breve instante que duró la luzdel fósforo. Era como una niña, pues su estatura debía contarse entre las más pequeñas, correspondiendo a su talle delgadísimo y a su busto mezquinamente constituido. Era como una jovenzuela, pues sus ojos no tenían el mirar propio de la infancia, y su cara revelaba la madurez de un organismo que ha entrado o debido entrar en el juicio. A pesar de esta desconformidad, era admirablementeproporcionada, y su cabeza chica remataba con cierta gallardía el miserable cuerpecillo. Alguien la definía mujer mirada con vidrio de disminución; alguno como una niña con ojos y expresión de adolescente. No conociéndola, se dudaba si asombroso progreso o un deplorable atraso.
—¿Qué edad tienes tú? –preguntóle Golfín, sacudiendo los dedos para arrojar el fósforo, que empezaba a quemarle.
—Dicen quetengo dieciséis años –replicó la Nela, examinando a su vez al doctor.
—¡Dieciséis años! Atrasadilla estás, hija. Tu cuerpo es de doce, a lo sumo.
—¡Madre de Dios! Si dicen que yo soy como un fenómeno... –manifestó ella en todo de lástima a sí misma.
—¡Un fenómeno! –replicó Golfín, poniendo su mano sobre los cabellos de la chica–. Podrá ser. Vamos, guíame.
Comenzó a andar la Nela, resueltamente,sin adelantarse mucho, antes bien, cuidando de ir siempre al lado del viajero, como si apreciara en todo su valor la honra de tan noble compañía. Iba descalza: sus pies ágiles y pequeños denotaban familiaridad consuetudinaria con el suelo, con las piedras, con los charcos, con los abrojos. Vestía una falda sencilla y no muy larga, denotando en su rudimentario atavío, así como en la libertad desus cabellos sueltos y cortos, rizados con nativa elegancia, cierta independencia más propia del salvaje que del mendigo. Sus palabras, al contrario, sorprendieron a Golfín por lo recatadas y humildes, dando indicios de un carácter formal y reflexivo. Resonaba su voz con simpático acento de cortesía, que no podía ser hijo de la educación; sus miradas eran fugaces y momentáneas, como no fuerandirigidas al suelo o al cielo.
—Dime –le preguntó Golfín–, ¿vives tú en las minas? ¿Eres hija de algún empleado de esta posesión?
—Dicen que no tengo madre ni padre.
—¡Pobrecita! Tú trabajarás en las minas...
—No, señor. Yo no sirvo para nada –replicó sin alzar del suelo los ojos.
—Pues a fe que tienes modestia.
Teodoro se inclinó para mirarle el rostro. Éste era delgado, muy pecoso, todosalpicado de manchitas parduzcas. Tenía pequeña la frente, picudilla y no falta de gracia la nariz, negros y vividores los ojos; pero comúnmente brillaba en ellos una luz de tristeza. Su cabello, dorado obscuro, había perdido el hermoso color nativo a causa de la incuria y de su continua exposición al aire, al sol y al polvo. Sus labios apenas se veían de puro chicos, y siempre estaban sonriendo; masaquella sonrisa era semejante a la imperceptible de algunos muertos cuando han dejado de vivir pensando en el cielo. La boca de la Nela, estéticamente hablando, era desabrida, fea; pero quizás podía merecer elogios, aplicándole el verso de Polo de Medina: “Es tan linda su boca que no pide”. En efecto; ni hablando, ni mirando, ni sonriendo, revelaba aquella miserable el hábito degradante de la...
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