Lo que no sabiamos que sabiamos

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  • Publicado : 8 de enero de 2011
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Lo que no sabíamos que sabíamos
por Mauricio Marín y Kall

Hace ya algunos años, cuando terminé de leer por primera vez Corazón tan blanco de Javier Marías, hice lo que generalmente se hace tras haber leído un libro; a saber: lo cerré —eso sí, con muy buen sabor de boca— y lo acomodé en la estantería al lado de otros títulos pendientes y de algunos otros quizá ya un tanto olvidados.

Buensabor de boca

A los pocos días de haberlo terminado de leer, cuando estaba siendo asimilado y digerido, sentí que algo en la forma de percibir mi entorno se había modificado. Pero no sabía qué, simplemente era como si mi capacidad de abstracción se hubiera agudizado a partir de algo que tenía la noción de haber escuchado o leído en alguna parte.

Poco después, cada vez que pasaba frente a larepisa en donde se encontraba el libro, me detenía —como si éste ejerciera en mí algo parecido a una misteriosa atracción— y volteaba a verlo casi acusadoramente, como pensando: «Sí, es a ti a quien le debo esto». Después de todo, me daba cuenta: algo de lo que había leído en él rondaba poderosamente mi pensamiento y me llevaba a repetir frecuentemente la frase: «Esto es como lo que se describía enel libro».

Ahora bien, desde aquel entonces han pasado casi siete años, a lo largo de los cuales he leído prácticamente toda la obra de Javier Marías y casi todo lo que ha dicho en entrevistas o programas televisivos, en su columna semanal —que publica el suplemento dominical del diario El País— o en cualquier otro lugar y en cualquier otro idioma. Y, conforme ha pasado el tiempo, he llegado adescubrir qué me cautivó hace ya siete años, al terminar de leer Corazón tan blanco. Pese a haber sido él, Marías, quien involuntariamente me abrió las puertas de uno de los baluartes más grandes de la literatura, no fue precisamente su pluma la que lo logró, sino la de prácticamente todo escritor vivo o muerto que he leído.

«Y así se va el tiempo sometido a esos forcejeos nuestros ineficaces ycontradictorios, nos permitimos ser impacientes y desear que lleguen las cosas que ansiamos y se postergan o tardan, cuando todo parece poco o demasiado rápido una vez llegado y una vez concluido, repetir cada acto querido nos acerca algo más a su término y lo malo es que también nos acerca a no repetirlos, todo viaja lentamente a su difuminación en medio de nuestros retrasos ficticios y sólo laúltima vez es la última.»

Dicho de modo más claro y conciso, a lo que me refiero es a todas esas pequeñas y grandes cosas que en un libro nos hablan de algo que «ignorábamos saber»; de esos detalles cotidianos que siempre han estado allí, a la vista, a la espera de ser descubiertos, y que, sólo tras la mirada de alguien que un día tuvo a bien mirarlos, cobran inesperada importancia y nos hacenver la vida de un modo más analítico o, más bien, menos superfluo, lo que yo llamo: más literario.

Lo dicho

Toda la literatura, si bien se mira, tiene este tipo de elementos que, a menudo, se hallan escondidos tras una simple oración o en el tratamiento que da el autor a un determinado tema, y en casi todas las novelas podemos encontrar una acotación valiosa. Porque las cosas simples bastancon ser dichas y, más aún, por escrito, para que cobren un valor inusual y desarrollen en nosotros lo que el mismo Marías dio por llamar «el pensamiento literario», que define así:

«A diferencia de otras clases de pensamiento, que sí son formas de conocimiento, el literario es más bien una forma de reconocimiento, para mí al menos. O dicho de una manera a la vez simple y enrevesada: es una formade saber que se sabe lo que no se sabía que se sabía».

Los libros de Javier Marías casi siempre adolecen de una trama compleja. Transcurren más en el pensamiento de sus narradores que en la acción que llevan a cabo, y es muy posible que a ello se deba que la gran mayoría de sus aproximaciones a este tipo de verdades cotidianas las encontremos en boca de algún personaje suyo, cosa que no es...
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