Lo Que Quiera

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Matoneo
Oswaldo Guevara Méndez

La madrugada de Tovar era igual a la de los demás niños y niñas de la ciudad. Lo despertaban a las cinco y, después de un somnoliento baño, desayunaba leche caliente con cereal o yogur, y pan o roscón con arequipe o pasabocas rellenos de bocadillo y chocolate, si se levantaba contenta Doña Inés: la muchacha de servicio, que de muchacha sólo tenía el cargo, y quetrabajaba allí desde siempre; más por costumbre que por dinero.
A las seis y diez pasaba el bus del colegio por la esquina del conjunto de apartamentos, habitado por aquellas personas que sirven a la patria. A Tovar no le gustaba el colegio. Varias veces le preguntó a la mamá si podían cambiarlo.
—Mami, es que no me gusta.
—Rodriguito, papito —la única persona que se dirigía a él de esa maneraera ella. Sus compañeros de clase le decían Tovar y el padre lo llamaba de igual manera. Doña Inés le decía “niño Tovar”—, usted sabe que su papá salió de ese colegio. No sea bobito, papito. Paciencia.
Tovar tenía diez años y desde su primer día de clase pedía el cambio de colegio. La mamá siempre respondía de igual manera: paciencia. Sólo una vez, Tovar se sintió capaz de exigirle al padre eltraslado. Fue la primera vez que escuchó la palabra “marica”, y por el tono en que se la dijeron, supo que no era nada bueno. Después escucharía mil veces la misma palabra: “Tovar maricón”, “Tovar mariquita”.
A las seis y veinte, Tovar iba sentado en la ruta del colegio. Salió un poco más tarde que de costumbre. En su estómago, la habitual sensación de tragedia era inmarcesible, aunque hoy unpoquito más. Sólo el fin de semana descansaba de esa angustia. Tovar se quedaba solo en el apartamento casi todo el tiempo. Ya fuera al frente del televisor o con sus muñequitos o carritos, o con algún videojuego que tuviera. El papá trabajaba y la mamá salía. Con Doña Inés hablaba poco.
—Rodriguito, papito, juicioso que me voy al salón de belleza —cuando no era la belleza, la mamá salía con lasamigas o se iba de compras o alguna otra cosa se inventaba para librarse del papá de Tovar o de su hogar.
A las seis y cincuenta, todos los estudiantes se formaban en el patio del colegio. En el juramento o la oración de las mañanas, comenzaban los problemas de Tovar. En algunas ocasiones le metían el pie entre los de él en plena marcha y lo hacían trastabillar. Después de mucha práctica, logrócaminar dando imperceptibles saltos que esquivaban esas rastreras zancadillas. Tovar intentaba no mirar a nadie. Si pudiera marcharía con los ojos cerrados, pero eso era dar mucha papaya, y puede que Tovar fuera tímido y callado y algo pequeño y en ocasiones tartamudeara; pero bobo no era.
A las siete y diez arrancaban las clases. Descansaba cuando sus compañeros tenían otros juegos o cosas que hacer.Adoraba los días en los que alguien llegaba con un nuevo celular o con un gameboy, o cuando el yoyo o el trompo se ponían de moda. Agradecía cualquier cosa que lo sacara del mapa. Pero cuando se aburrían, comenzaba el sufrimiento de Tovar. Papeles, cauchazos e infinidad de torturas le caían encima. Lo peor era que el profesor no llegara. Aunque algunos profes le aumentaban la sensación detragedia.
Su día en el salón siempre empezaba de la misma manera y con el mismo compañero de clase. Justo antes de la llegada del primer profesor, cuando todos descargaban sus maletas y alistaban su cuaderno y su lápiz o esfero.
—To To To Tovar, ¿qué se cuenta? —el calvazo de Ramírez no se hacía esperar. Tovar agachaba un poco la cabeza, aunque no mucho, no fuera que no le pegara. Alguna vez logróesquivar el primer golpe y el segundo dolió mucho más.
Después del bloque de Sociales, se alistaban para su clase de Deportes. Tovar prefería una urgencia en el odontólogo que esa materia. Casi siempre oficiaba de arquero. Sus compañeros se ponían de acuerdo y lo acribillaban a pelotazos que, pocas veces, esquivaba. El profesor se daba cuenta y lo instaba a realizar su labor.
—¡Tovar! La idea es...
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