Lo que sea con tal de vivir.

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  • Publicado : 29 de enero de 2011
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Lo que sea con tal de vivir
I
El Quiumba, entró en el apartamento. Vio toda aquella riqueza, pensó en robar algo. Todo lo que había debía de ser carísimo, hasta el más simple adorno. Se imaginó, pudiendo ser bárbaro y brutal; cagarla a palo y violarla, aunque, en seguida le dio asco.
- Una vieja tan hecha pedazos – se dijo – no se la come ni ácido. Además, en otros apartamentos hay cadacremita.
- Podría golpearla – continuó – para sacarme la bronca de no encontrar un médium. Me imagino que la pobre no se va resistir ni gritar, se entregará. Con la conciencia y la certeza de que es el fin, de que se va pudrir por días, tirada en el suelo sin que nadie encuentre su cadáver, hasta que el olor sea insoportable. Ya no va a tener que esperar más, achacándose día a día. La he vigilado, y,desde hace pocos años, se está viniendo abajo; primero, se empezó a ayudar a caminar con un bastón en la mano izquierda, tiempo después se le fue poniendo el habla gangosa, seguro que por el desgaste, de las cuerdas vocales, el aparato respiratorio y la lengua. Debe tener noventa y pico de años, ahora está quedando medio sorda y senil. Una lástima, no poder ser yo su benefactor, darle una manopara salir adelante. Si yo hubiese encarnado hoy, ya habría corrido sangre.
Se fue del edificio. En la calle, vio una pendeja, de unos dieciocho o veinte años. Rubia, bonita, tímida, iba con los padres, a los que saludó antes de separarse.
El quiumba la siguió, y, cuando ella pidió fuego a un transeúnte, él se apuró a alcanzarla.
- Al fin, algo como la gente para encarnar- festejó.
Ella encendióel cigarro y el quiumba se zambulló, atravesó el filtro y al fin tuvo cuerpo.
Laura estaba con un flaco, en su casa. Había una cucaracha caminando por el espejo del baño. El pibe, la quiso matar con la jabonera. Laura se limitó a señalar con el índice, ¡allá!, ¡allá!
La bicha corrió, se escondió en el botiquín, entre los dos la persiguieron por todo el baño, tratando de pegarle con una manguera,con un sepillo de peinar, puteando y pisando siempre tarde en los lugares que se posaba como burlándose de ellos.
Ella se fue un rato después, él, se preparaba algo para comer cuando la pendeja rubia, el quiumba, le golpeó la puerta.
- ¿sí? – preguntó el novio de laura, entreabriendo la puerta.
- Disculpe – contestó la joven – me sentí un poco mareada. Justo cuando pasaba por acá enfrente, y,se me ocurrió que quizá usted, me podría dar un vasito de agua.
- ¡como no! – asombrado y ansioso – pasá, ya te sirvo. ¿comiste algo? – agregó.
- Bueno, le agradezco, pero tampoco quiero ser molesta.
- Hagamos una cosa – dijo él – yo tengo que ir hasta el baño de apuro, allí está la heladera, servite lo que quieras.
- Gracias – abalanzándose a la cocina, cuando todavía no terminaba depronunciar la palabra.
Nelson, así se llama el novio de laura, está sentado en el water, sin hacer fuerza. Esperando. Pensando.
- Que buenos estaban – se dijo – que raviolones deliciosos, esa cebollita picada por arriba. Que bien preparada la ricota, los puntitos negros que tenía entre rosáceos y naranja, tan similar a los mejillones – se refregó las manos, apretó los puños, quedó colorado como un viejoalcohólico, y, largó el primer sorete; de esos tan duros y gruesos, que te parten el culo al medio. Al caer como una pedrada a un charco, le salpicó en las nalgas el agua fría del water.
- Hace tanto que no comía raviolones – se dijo – encima ahora los estoy cagando. La última vez, fue cuando trabajaba en el restaurante donde conocí a laura.
Suspiró. La frente le sudaba y pensó: – ahora empecéa cagar bastante bien – se arrolló hacia delante, por un retorcijón de estómago – tenía una tranquera. Tuve que meterme aquella botellita de agua por el culo, que me hizo cagar una especie de diarrea que me dejó ardiendo el orto.
Laura volvió sudando, hacia bastante calor afuera. Lo primero que hizo, fue ir a buscar algo para tomar en la cocina, allí, estaba la extraña mujer, agachada frente a...
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