Loco

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Los cuatro...
No esperaban encontrar más que huesos; pero abierto los ataúdes se encontraron ante cuatro
cuerpos enteros, con la piel acartonada y gris, y los ojos abiertos y blancos.
Cuatro empleados del municipio ayudaban al sepulturero en la ingrata tarea de remover huesos.
Ante aquel imprevisto los municipales miraron al sepulturero.

- ¿Usted había visto algo así antes? - lepreguntó uno de ellos al sepulturero.
- Después de tres años enterrados, nunca. Siempre son un montón de huesos limpios. Este
cementerio es bajo y húmedo, no podrían conservarse así.
- ¿Y qué hacemos? - preguntó otro.
- Pues… llamar a alguna autoridad del cementerio y preguntar, digo yo.

Y los cinco salieron rumbo a la casilla del cementerio, donde había un teléfono.
Regresaron veinteminutos después, y, al ver los ataúdes vacíos, quedaron de boca abierta,
mirándose unos a otros sin entender qué pasaba.
Escucharon un griterío y se volvieron hacia el amplio portón del cementerio. Vieron que por la
calle iba corriendo un grupo de personas, y que los perseguía uno de los muertos.
El sepulturero recordó de pronto a los cuatro jinetes del apocalipsis, y se volvió hacia las estatuasecuestres que estaban al pie de las cuatro tumbas. Y el cielo se volvió negro de pronto, y proyectiles
de fuego comenzaron a llover, y desde la ciudad llegaron más gritos; era el fin del mundo…
cuerpos enteros, con la piel que huesos; pero abierto los ataúdes se encontraron ante cuatro
acartonada y gris, y los ojos abiertos y blancos.
Cuatro empleados del municipio ayuda
r más ban alsepulturero en la ingrata tarea de remover huesos.
Ante aquel imprevisto los municipales miraron al sepulturero.

- ¿Usted había visto algo así antes? - le preguntó uno de ellos al sepulturero.
- Después de tres años enterrados, nunca. Siempre son un montón de huesos limpios. Este
cementerio es bajo y húmedo, no podrían conservarse así.
- ¿Y qué hacemos? - preguntó otro.
- Pues… llamar aalguna autoridad del cementerio y preguntar, digo yo.

Y los cinco salieron rumbo a la casilla del cementerio, donde había un teléfono.
Regresaron veinte minutos después, y, al ver los ataúdes vacíos, quedaron de boca abierta,
mirándose unos a otros sin entender qué pasaba.
Escucharon un griterío y se volvieron hacia el amplio portón del cementerio. Vieron que por la
calle iba corriendo ungrupo de personas, y que los perseguía uno de los muertos.
El sepulturero recordó de pronto a los cuatro jinetes del apocalipsis, y se volvió hacia las estatuas
ecuestres que estaban al pie de las cuatro tumbas. Y el cielo se volvió negro de pronto, y proyectiles
de fuego comenzaron a llover, y desde la ciudad llegaron más gritos; era el fin del mundo…
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No creo en brujas;pero...
Sentado sobre una raíz, la espalda recostada a un tronco, esperaba pacientemente, escuchando
los sonidos de la noche.
Desde mi posición, bastaba levantar la cabeza para ver a la luna brillando sobre el follaje
del bosque. Me ocultaba un arbusto, y en una horqueta de él tenía afirmado mi rifle,
apuntando hacia un sendero de liebre que atravesaba un claro del bosque. También tenía unalinterna pequeña asegurada con cinta al rifle, para encandilar a los animales.
No estaba allí para cazar por “deporte”, sino para llevar carne a la mesa en una época difícil.
Sentado, oculto entre los árboles, en silencio, escuché que algo se acercaba por el sendero;
pero inmediatamente supe que no era una presa, pues era mucho ruido para ser una liebre, y
sonaba distinto al sigilo de unciervo.

Pasando entre sombras y luz de luna, avanzaba lentamente una persona; una mujer anciana,
distinguí, y llevaba una cabra de tiro. Paró en el claro que estaba a unos cinco metros de donde
me encontraba. Era una anciana encorvada y temblorosa, de largos cabellos blancos, y estaba
vestida de negro.
La vi girar en todas direcciones como cerciorándose que nadie la veía. Volteó hacia...
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