Los 7 libros de la diana(fragmento)

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Los siete libros de la Diana
Al muy ilustre señor don Joan Castellá de Vilanova, Señor de las baronías de Bicorb y Quesa, Jorge de Montemayor
Aunque no fuera antigua la costumbre, muy Ilustre Señor, de dirigir los autores sus obras a personas de cuyo valor ellas lo recibiesen, lo mucho que vuestra merced merece, así por su antigua casa y esclarecido linaje, como por la gran suerte y valor de supersona, me moviera a mí (y con muy gran causa) a hacer esto. Y puesto caso que el bajo estilo de la obra, y el poco merecimiento del autor de ella no se habían de extender a tanto como es dirigirla a vuestra merced, tampoco tuviera otro remedio sino este para ser en algo tenida; porque las piedras preciosas no reciben tanto valor del nombre que tienen, pudiendo ser falsas y contrahechas, como dela persona en cuyas manos están. Suplico a vuestra merced debajo de su amparo y corrección recoja este libro, así como al extranjero autor de él ha recogido, pues que sus fuerzas no pueden con otra cosa servir a vuestra merced, cuya vida y estado nuestro Señor por muchos años acreciente.

Libro primero
Bajaba de las montañas de León el olvidado Sireno, a quien Amor, la fortuna, el tiempotrataban de manera que del menor mal que en tan triste vida padecía, no se esperaba menos que perderla. Ya no lloraba el desventurado pastor el mal que la ausencia le prometía, ni los temores del olvido le importunaban, porque veía cumplidas las profecías de su recelo, tan en perjuicio suyo, que ya no tenía más infortunios con que amenazarle.
Pues llegando el pastor a los verdes y deleitosos prados,que el caudaloso río Ezla, con sus aguas va regando, le vino a la memoria el gran contentamiento de que en algún tiempo allí gozado había, siendo tan señor de su libertad, como entonces sujeto a quien sin causa lo tenía sepultado en las tinieblas de su olvido. Consideraba aquel dichoso tiempo que por aquellos prados y hermosa ribera apacentaba su ganado, poniendo los ojos en solo el interés que detraerle bien apacentado se le seguía; y las horas que le sobraban gastaba el pastor en solo gozar del suave olor de las doradas flores, al tiempo que la primavera, con las alegres nuevas del verano, se esparce por el universo, tomando a veces su rabel, que muy pulido en un zurrón siempre traía; otras veces una zampoña, al son de la cual componía los dulces versos con que de las pastoras de todaaquella comarca era loado. No se metía el pastor en la consideración de los malos o buenos sucesos de la fortuna, ni en la mudanza y variación de los tiempos, no le pasaba por el pensamiento la diligencia y codicias del ambicioso cortesano, ni la confianza y presunción de la dama celebrada por solo el voto y parecer de sus apasionados; tampoco le daba pena la hinchazón y descuido del orgullosoprivado: en el campo se crió, en el campo apacentaba su ganado, y así no salían del campo sus pensamientos, hasta que el crudo amor tomó aquella posesión de su libertad, que él suele tomar de los que más libres se imaginan.
Venía, pues, el triste Sireno los ojos hechos fuentes, el rostro mudado, y el corazón tan hecho a sufrir desventuras, que si la fortuna le quisiera dar algún contento, fueramenester buscar otro corazón nuevo para recibirle. El vestido era de un sayal

Libro segundo
Ya los pastores, que por los campos del caudaloso Ezla apacentaban sus ganados, se comenzaban a mostrar cada uno con su rebaño por la orilla de sus cristalinas aguas, tomando el pasto antes que el sol saliese, y advertiendo el mejor lugar para después pasar la calorosa siesta, cuando la hermosa pastoraSelvagia, por la cuesta que de la aldea bajaba al espeso bosque, venía trayendo delante de sí sus mansas ovejuelas. Y después de haberlas metido entre los árboles bajos y espesos, de que allí había mucha abundancia, y verlas ocupadas en alcanzar las más bajuelas ramas, satisfaciendo la hambre que traían, la pastora se fue derecha a la fuente de los alisos, donde el día antes con los dos pastores...
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