Los catolicos

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  • Publicado : 26 de octubre de 2010
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La Iglesia nos exhorta siempre a la conversión con las mismas palabras de Jesús: «Conviértete y cree en el evangelio» (Mc 1,15), pues se acerca el tiempo de celebrar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

El misterio de la redención de Cristo pone de relieve que el amor de Dios es más fuerte que nuestro pecado. Y el sacramento de la reconciliación es uno de esos momentosen los que, de modo más evidente, esta eficacia redentora de Cristo se hace personal y actual en la vida de cada uno de nosotros.

Ofreceremos algunas reflexiones que les ayuden a tomar mayor conciencia del amor de Dios en sus vidas y de la realidad del propio pecado; para, de este modo, valorar y vivir mejor el sacramento de la penitencia.

Después de un período de crisis progresiva de estesacramento en la vida de muchos cristianos, se ha registrado en los últimos años el fenómeno de una mayor conciencia entre los fieles, y aun entre los mismos sacerdotes, de su importancia y necesidad. Lo pudimos constatar en Roma durante la celebración del jubileo del año 2000; de manera especial, en la jornada mundial de la juventud, cuando el Circo Máximo se convirtió en un inmenso santuario dereconciliación para decenas de miles de jóvenes.

Sin embargo, es frecuente encontrar en no pocos cristianos, una mentalidad un tanto superficial en el modo de vivir este sacramento; y, en algunos casos, una concepción deformada de su verdadero significado. Sin llegar al escepticismo o a una postura de abierto rechazo, pueden darse diversas formas de rutina o de indiferencia, postergandofrecuentemente esta práctica sacramental por respeto humano o pereza, e incluso abandonándola por períodos más o menos largos. Estas manifestaciones se deben principalmente a la pérdida del verdadero sentido del pecado y a la falta de experiencia personal del amor y de la misericordia de Dios en la propia vida.

1. El verdadero sentido del pecado en nuestra vida.

El pecado no es solamente latrasgresión de un precepto divino o la cerrazón ante los reclamos de la conciencia. Pecar es fallar al amor de Dios. El pecado consiste en el rechazo del amor de Dios, en la ofensa a una persona que nos ama. «Contra ti, contra ti sólo pequé; cometí la maldad que tú aborreces» (Sal 51,6).

El pecado de desobediencia de los ángeles y de nuestros primeros padres nació cuando empezaron a sospechar delamor de Dios. Fue entonces cuando la inocente desnudez de un inicio se trocó en vergüenza y en temor de que Dios pudiese descubrirles tal como eran; y el Creador, garante de su felicidad, comenzó a ser desde ese momento su principal amenaza (cf. Gn 3,1-10). Todo pecado, cualquiera que sea su género o calificación moral, es, en el fondo, un acto de desobediencia y desconfianza de la bondad de Dios(cf. Catecismo, 397).

Entre los diversos pecados que podamos encontrar en nuestro pasado descubriremos, como una constante, esa voluntad de preferirnos a nosotros mismos en lugar de Dios; de construir nuestra vida sin Dios o al margen de Él; de anteponer nuestros bienes e intereses personales a su voluntad; de ver y juzgar las cosas según nuestros criterios egoístas, pero no según Dios (cf.Catecismo,Reconciliación y Penitencia, 18). Sólo cuando se comprende el pecado en su verdadero significado, se puede valorar y entender mejor el sentido y la importancia que las normas y preceptos tienen en nuestra vida.

La ley de Dios no es una limitación de la libertad humana, sino una ayuda que la protege y la hace posible, pues sólo quien camina en la verdad es plenamente libre (cf. Jn 8,32).El cristiano, guiado por su razón iluminada por la fe, descubre detrás de una determinada norma del decálogo o de una disposición de la Iglesia, la expresión concreta de la voluntad de Dios que, como buen Padre, busca lo mejor para sus hijos, aun a costa de muchas lágrimas (cf. Hb 12,5-13). Cada una de las normas custodia una serie de valores y de bienes profundamente humanos; en cada una...
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