Los hermanos karamazov”, la obra monumental de fedor dostoievski: analisis psicológico – literario.

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Cuando me comenzaron los dolores de estómago, pensé: qué será que me duele tanto la panza, esto se me pasará con agua de limoncillo, me voy a preparár un agua de limoncillo. Y así fue, me tomé la agüita de limoncillo pero me vino bómito y el dolor de estómago me siguió más fuerte aún; ajá dije, no me quiere pasar esta malesa; pero yo sí se con qué curarme, y va a ser tomando semillas de cilantrocon hierbabuena endulzada en agua de azúcar negra; entonces, bueno, preparé bién preparadita la bebida y me tomé un vasito, una copita y otra vez nada y nada, el dolor siguió y el bómito se repitió; entonces me voy a tomar una bebida a base de bástago de plátano y agua de coco, y la preparé y bebí; dios da el mal y da el remedio, menos mal que aquí en el Amazonas se consigue de todo, toda laciencia que hemos aprendido y guardado como un tesoro los sabedores indios. Efectivamente me recuperé, pero, mime a ver, a los pocos días el dolor volvió con mayor fuerza y como definitivamente ya no resistí más, me fuí como última alternativa al hospital, a que me viera el doctor. El me dijo que tenía inflamado el apéndice y si no nos movíamos la cosa podría desembocar en peritonitis; mesuministraron antiespasmódicos y analgésicos y en el siguiente vuelo me despacharon para la capital como un caso de urgencia. Ya en el hospital de Bogotá, después de volar por sobre toda esa selva, pasé directamente a cirugía, luego de una valoración rápida y fue así como yo, Juan Andoque terminé sin apéndice y con una rajadura de lado a lado en la barriga, ya que la cosa se complicó y se convirtió enperitonitis, tal como lo había pronosticado el médico de Leticia. Luego de una mediana mejoría me devolvieron para mi región, para que me acabara de recuperar, pero como el clima tropical hace más sensibles las heridas y no seguí estrictamente las instrucciones de los facultativos, los puntos se infectaron y hubo que hospitalizarme nuevamente. Unos días después me retiraron los puntos y me hicieron unascuraciones muy dolorosas pero eso sí efectivas, luego me enviaron al ancianato y me pusieron al cuidado de la enfermera interna y con su vocación y cuidados comencé yo, Juan Andoque a recuperarme.

De bogotá había traido una ropita, camisas y zapatos de buena calidad que me habían regalado en el hospital, pues aunque no parezca, yo, Andoque, cercano a los 90 años, un indio de la etnia de losandoques, soy agradable, afectivo y de trato cálido, y sé granjearme el cariño de quienes me conocen y especialmente del las mujeres, quienes se distraen oyéndome contarles mis recuerdos de tantos años y otras tantas dichas y desdichas, recuerdos que a estas alturas de la vida empiezo a confundir con fantasías. De manera pues, que en el hospital hicieron colecta y me consiguieron unas camisas decorte oestano con botones que se movían con el viento o el movimiento y producían unos sonidos muy finos que se parecían al trino de los pájaros en los amaneceres del amazonas, por eso mismo yo, Juan Andoque, tomé mucho cariño por mis camisas y mis zapatos de una gamuza fina color café, muy suaves y ormados. Esa indumentaria, sin hacerme perder mi porte de indio del cual Andoque se siente orgulloso,me haría sentir distinguido y por qué no, resaltaría mi apariencia delgada y haría que mi voz se escuchara con mayor respeto en los cabildos que celebrábamos enla maloka de mi etnia, en el kilómetro catorce.

Una mañana cuando regresé del baño los zapatos habían desaparecido, a donde estarán mis zapatos, los busqué por aquí y por allí y por allá pero nada, se esfumaron para siempre, puse atencióna los de más adultos mayores que vivían el al ancianato y nada, por ninguna parte aparecieron, de manera que me tocó acostumbrarme a la falta de mis zapatos. Pasaron varios días más y yo no había comentado con nadie lo de pérdida de mis zapatos, esperando, observando para ver si aparecía algún rastro, algún indicio que me permitiera atar cabos y descubrir quién se los había llevado, pero...
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