Los monjes cartujos; las puertas del silencio

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Las Puertas del Silencio
Por un monje cartujo A ti sola, alma bienaventurada a quien el Señor atrae al desierto para hablarte al corazón. A ti sola, que lo has acogido como Único. Mejor, que te ha acogido como hostia de alabanza por siempre. ¿Quieres arder ante su Faz adorable como una cera muy pura? ¿Quieres, como los querubines, como los serafines, oh alma, ser irradiada por su claridad,abrasada por su amor, y no ser para Él nada más que Luz y Claridad? Consiente en olvidar el mundo, el universo y a ti mismo. Si vacilas en perder en Él y por Él tu vida, no sigas más. Lo que sigue no te aclarará nada. Si el abismo te tienta, suplica al Señor que te envuelva en soledad, que te arroje en el silencio que Él habita y llena, donde Él se manifiesta. Por tu parte, esfuérzate en vivir así. Encuanto te sea posible, con exacta obediencia y una perfecta caridad, evitarás estas cuatro cosas, los mayores obstáculos al silencio interior, y que vuelven imposible la contemplación habitual: El ruido interior. Las discusiones interiores. Las obsesiones. Las preocupaciones de ti mismo. ¡Hecho esto, habrás franqueado las puestas del silencio! I. Sofocar los ruidos interiores Dios creó tu almasilenciosa en el Bautismo, en un silencio inviolado. La llenó de sí mismo al descender a ella toda la Trinidad santa; nada más que para Él. Fue más tarde, poco a poco cuando el mundo hizo irrupción. El ruido la invadió, cubriendo la dulce voz de Dios. Desde el barullo se amplifica. ¡Vuelve al silencio bautismal, hermano! El ruido tiene tres generadores: 1. los recuerdos, 2. la curiosidad, 3. lasinquietudes. ¡Paraliza sus acciones! www.conviccionradio.cl www.convicciontv.conviccionradio.cl

a) Haz callar los ruidos de los recuerdos. No recuerdes, no reavives ningún “mal recuerdo”. El mal arrepentido está perdonado. La generosidad del amor presente repara el pasado. Olvida las acciones concretas. Basta mantenerte delante de Dios Padre, como pecador beneficiario de su infinita misericordia.El mal es “nada”. ¿Para qué acordarse? Piensa solamente en la gracia de Jesucristo que te ha salvado; en el olvido eterno de tus faltas, que Dios ha destruido. Él no colecciona pequeñeces. Guarda para Él un corazón filialmente contrito, receptivo y tierno: eso es la compunción. No recuerdes, no reavives ningún recuerdo profano: ni de lo que has sido, ni de lo que has hecho, ni de lo que has dejadoen el mundo. Confía a Dios todo lo que tienes de más querido, parientes o amigos. ¿No son también hijos e hijas queridos de Dios? ¿Los olvidará Él cuando tú, por Su amor, te has exiliado de los brazos de ellos? Todos lo pensamientos e imaginaciones que les dediques no les sirven de nada. Apartando de Dios tu espíritu, a menudo turban tu corazón, tu confianza en la Providencia y tu fe en la Bondadde Dios. Tu imaginación no debe nunca franquear la clausura a sangre fría. La gracia, sola, ayuda eficazmente a aquellos a los que amamos; la obtendremos proporcionalmente a nuestra intimidad con Dios. Mira a María en Caná. Ella no perdió su sitio. “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5). Voluntariamente retenidos, los recuerdos del pasado son fuente de vanidad, de penas o de inquietudes. Saborear enespíritu placeres humanos de antaño, es sensualidad y búsqueda de sí mismo; es preferir una nube, un sueño, a la alegría sustancial presente y desconocida. No hay más que una bienaventuranza que valga: ¡DIOS! Las dichas de este mundo no valen más que por el amor que las ha engendrado. La caridad que nos vivifica es la sola causa de nuestras alegrías. Deja que se esfumen y que se vayan esos vanosrecuerdos: Te distraen y te retardan, te atan a lo que debe perecer, y “anemian” o debilitan tus deseos de lo eterno. Con San Pablo, mira, no lo que queda atrás, sino lo que está por delante: JESUCRISTO (Cf. Fil 3, 4). No conserves ningún recuerdo material concreto de “este” o de “aquellos” en los cuales no debes soñar más: fotografía, cartas, flores y “reliquias” de seres queridos: No guardes...
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