Los proyectos de desarrollo y las culturas indigenas

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  • Publicado : 19 de enero de 2011
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La pobreza y marginación de los indí¬genas mexicanos han sido reconocidas como un problema de importancia na¬cional desde que México consiguió su independencia. En la perspectiva del gobierno y de muchos antropólogos y observadores ligados a éste, se ha consi¬derado necesario aliviar o resolver esta situación tanto por el bien de los indios mismos como por el bien de la nación, pues son vistoscomo un lastre para to¬do el país.
Desde el siglo xix, la pobreza indíge¬na ha sido vinculada con su cultura y se ha atribuido fundamentalmente al atra¬so cultural, a las costumbres “primitivas”, a la dieta insuficiente e incluso a la infe¬rioridad racial. Por ello se ha considera¬do que la única solución verdadera a ese problema tenía que ser el abandono de la cultura indígena y la integración dela po¬blación de las comunidades a la nación moderna, que supuestamente estaba ya encaminada en el rumbo del progreso.
Por esta razón, los proyectos de desarrollo dirigidos a los pueblos indí¬genas hasta hace poco, han sido acultu¬radores y han fomentado la educación en español y la enseñanza de los valo¬res y la cultura nacional; han buscado el aumento de la producción agrícola y artesanal deacuerdo con los principios de rentabilidad de la economía capitalista dominante en el país, y han pro¬puesto la mejoría de sus formas de vida, como higiene y costumbres, según las concepciones imperantes en la ciencia y la sociedad occidentales de la época. De esta manera el gobierno construyó carreteras, fundó empresas, introdujo obras de riego y fertilizantes, financió empre¬sas, construyóescuelas y clínicas con el objetivo de ayudar a los indígenas a su¬perar su pobreza y, al mismo tiempo, a dejar de ser indígenas.
Aunque algunos proyectos lograron mejorar el nivel de vida de ciertas comu¬nidades, lo mismo que las acciones del Instituto Nacional Indigenista (hoy conti¬nuadas por la CDI), de la SEP, de la SEDE¬SOL y de la Secretaría de Salud, no todos han tenido el éxito deseado y enoca¬siones han resultado contraproducentes o rechazadas por los propios indígenas. Tal es el caso del programa de los años setenta dedicado al desarrollo del Valle del Mezquital, que no logró resolver los problemas de marginación de los habi¬tantes otomíes de la región. Igualmente, en los años setenta y ochenta se fomentó que los agricultores indígenas de Chia¬pas y Veracruz abandonaran sus culti¬vostradicionales para plantar café, pero cuando los precios del producto cayeron a nivel mundial la economía de las co-munidades fue seriamente afectada.
Esto se debe, en primer lugar, a que estas iniciativas, por más intencionadas y adecuadas que parecieran en el papel y desde la perspectiva de los funcionarios no indígenas que las concebían y aplicaban, no tomaban en cuenta los deseos ynece¬sidades de los propios indígenas, tal como ellos mismos los concebían. Esto era difí¬cil por el racismo imperante en la sociedad mexicana y por la concepción que asocia¬ba la cultura indígena con la pobreza y el atraso, compartida incluso por muchos an¬tropólogos y funcionarios indigenistas. En efecto, si el problema de los indígenas era su ignorancia y las deficiencias de sus cul¬turas y suscostumbres, entonces no se les podía preguntar cómo era que podían y querían mejorar sus vidas. La solución de¬bía venir de fuera y debía buscar redimir a los indígenas. Los maestros que llevaban la luz del conocimiento a las apartadas co¬munidades, los ingenieros que construían caminos y viviendas, los médicos que lle¬vaban vacunas y medicinas, los agróno¬mos que introducían nuevos cultivos y losfuncionarios que traían planes de gobier¬no, se concebían como misioneros cuya labor era la redención de los indefensos y postrados indígenas.
Desde luego, la realidad era y es muy diferente. Los tarahumaras, por ejemplo, no gustan de las casas de mampostería y techo de zinc que les construyó el go¬bierno, pues son inadecuadas al clima extremoso de la sierra de Chihuahua; por ello muchos prefirieron...
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