Los rituales del caos

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  • Publicado : 3 de noviembre de 2011
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En Los rituales del caos, de Carlos Monsiváis (1938).

Queda revelada la imagen más fiel de este autor mexicano: manías, obsesiones, delirios, tributos y ritos se concentran. Los rituales... significan una fotografía, una radiografía (el caso sería el mismo, pues lo que la primera pone en evidencia, la segunda lo revela tal cual, concretando en el conocimiento siempre) en donde Monsiváispropone, respecto de la sociedad mexicana de fin de milenio –y tal vez no tan lejana de otras nacionalidades: posmoderna, vertiginosa y violenta–, en donde las multitudes que la conforman explotan por todos lados, identificándose como pertenecientes al clan consumidor y variopinto de la Virgen de Guadalupe, Julio César Chávez, el niño Fidencio o Santo, el enmascarado de Plata, sin olvidar –por supuesto–a Luis Miguel, Madonna y Gloria Trevi. No basta, al parecer, ser un número más en la especie, sino que se requiere de una etiqueta extra en la frente.
Monsiváis en este libro se desvive por ordenar y “taxonomizar” a los seres afectos a otro tipo de mercancías: desde el coleccionismo y sus vaivenes en México, hasta el sexo en la joven sociedad de masas, sin olvidar a los fanáticos admiradores deSatán y los brujos de Catemaco, Veracruz, pasando lista también a los que hacen del mexicano un ser tele-divertido, non pensante y atrapado por el control remoto (adviértase que el nombre corresponde al objeto) o la enferma afición del mexicano por las estatuas y monumentos nacionales, mismos que amenazan con crecer ad infinitum conforme los sexenios presidenciales se suceden.

El autor deAmor Perdido expone una radiografía de las demencias, aficiones, vicios, y diversiones de “la gleba”, “el pópolo”, “la grey astrosa”, situando su campo de acción, encuentro, batalla, donde se concentran los bandos: el California Dancing Club, el Palacio de los Deportes, el Zócalo Capitalino, la Basílica Guadalupana, un vagón del Metro, el Salón México o el Estadio de la Ciudad Universitaria. Loshijos del consumismo parafernalio, de la diversión a la hora “que usted mande”, junto con sus padres y madres (entiéndase Los Protagonistas que motivan el tumulto y provocan el movimiento de la masa a todas Horas) conforman el caos geo/demográfico que es la Ciudad de México: el único lugar donde la gente pulula, más que habitar; sobrevive, más que respirar y disfruta, más que cualquier otra cosa.Ante el evento que inmortalice su existencia, el espectador consume los 15 minutos que Warhol ofreciera para alcanzar la fama y la gloria entre los mortales, pues qué otra cosa sino el don divino es el asistir a cantar “¡Ay Jalisco, no te rajes!” con Sting o “New York, New York” con Sinatra, lo mismo que ir a celebrar al Ángel de la Independencia, acto que reafirma el orgullo patriótico ycontinental; o salir sano, salvo y sin mancha alguna de la aventura moderna que es llegar a tiempo al trabajo, tras abordar una “pesera” o el Metro en la Ciudad que no descansa nunca y que siempre tiene auditorio suficiente para cuanto evento se realice, por insólito que resulte: la asistencia está asegurada.

En todas las actitudes antes mencionadas estaría comprendida la personalidad de Monsiváis,pues si se quiere identificar al Cronista sería con la música, la historia, la política y el cine, obsesiones que lo han llevado lo mismo a cantar y grabar un cd con Las mañanitas que a participar en una película y ganar, por su desempeño en el cuadro, un Ariel. Carlos Monsiváis ambienta en este libro deseos y obsesiones en su discurso ensayístico, ordenándolo en parábolas que más que moralizarapelan tan sólo a las multitudes y su atención valiosa y de las cuales formamos parte alguna vez, pues lo mismo aceptamos cantidades y productos como resultado de la explosión demográfica que nos aletarga en el infinito juego del somos..., mueren..., eran..., seremos..., habrán...

Sí, además de la realidad, algo se opone a lo uniforme, son las crónicas urbanas de personajes y creencias. Así, por...
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