Los siete pecados capitales de los educadores

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 10 (2412 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 25 de noviembre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
LOS SIETE PECADOS CAPITALES DE LOS EDUCADORES

1. Corregir en público
Corregir en público a una persona es el primer pe¬cado capital de la educación. Un educador jamás de¬bería exponer el defecto de una persona, por grave que sea, ante los otros. La exposición pública produce hu¬millación y traumas complejos difíciles de superar. Un educador debe valorar más a la persona que se equivoca queal error de la persona.
Los padres y los maestros sólo deben intervenir pú¬blicamente cuando un joven ofendió o hirió a alguien en público. Aun así, deben actuar con prudencia para no agregar más leña al fuego de las tensiones.
Llamar la atención o señalar en público un error o defecto de jóvenes y adultos puede generar un trau¬ma imborrable que los controlará durante toda la vida. Aunque losjóvenes los decepcionen, no los hu¬millen. Aunque les provoquen un gran enojo, traten de llamarlos aparte y corregirlos. Pero, sobre todo, es¬timulen a los jóvenes a reflexionar. Quien estimula la reflexión es un artesano de la sabiduría.
2. Manifestar autoridad con agresividad.
Cierto día, descontento con la reacción agresiva de su padre, un hijo le levantó la voz. El padre se sintió ofendido y lepegó. Le dijo que nunca le debería ha¬blar de ese modo. A los gritos, afirmó que quien man¬daba en esa casa era él, que era él el que lo mantenía. El padre impuso su autoridad con violencia. Se ganó el temor del hijo, pero perdió para siempre su amor.
Muchos padres se agreden y critican delante de los hijos. Cuando estemos ansiosos e incapacitados para conversar, lo mejor es salir de la escena.Vaya a su ha¬bitación y haga otra cosa, hasta lograr abrir las venta¬nas de la memoria y poder tratar con inteligencia los asuntos polémicos.
Sin embargo, no hay parejas perfectas. Todos co¬metemos excesos delante de los hijos, todos nos estresamos. La persona más tranquila tiene sus momentos de ansiedad e irracionalidad. Por lo tanto, si bien es deseable, no es posible evitar todas las friccionesde¬lante de los hijos. Lo importante es el destino que da¬mos a nuestros errores.
El mismo principio sirve para los maestros. Cuan¬do damos un espectáculo agresivo delante de los niños, debemos pedir disculpas, no sólo a nuestro cón¬yuge, sino también a los niños, por la manifestación de intolerancia que vieron. Si tenemos valor para equi-vocarnos, debemos tener el coraje de corregir nuestroerror.
Una persona autoritaria no siempre es bruta y agre¬siva. A veces su violencia está disfrazada con una de¬licada inmutabilidad y tozudez. Nadie cambia su opi¬nión. Si insistimos en mantener nuestra autoridad a cualquier costo, estaremos cometiendo un pecado ca¬pital en la educación de nuestros hijos. Nuestro auto¬ritarismo controlará su inteligencia.
Nuestros hijos podrán reproducir nuestrasreaccio¬nes en el futuro. Por otra parte, observe que acostum¬bramos reproducir los comportamientos de nuestros padres que más condenamos en nuestra infancia. El registro silencioso no trabajado crea moldes en lo ocul¬to de nuestra personalidad.
Algunos hijos, cuando están irritados, apuntan los errores de los padres y los provocan. ¡Cuántos padres pierden el amor de sus hijos porque no sabendialogar cuando ellos los desafían! Tienen miedo de que el diá¬logo les robe la autoridad. No quieren ser cuestiona-dos. Algunos padres odian cuando sus hijos hacen comentarios sobre sus fallas. Parecen intocables. Reac¬cionan con violencia. Imponen una autoridad que so¬foca la lucidez de los hijos. Están formando personas que también reaccionarán con violencia.
Los padres que imponen su autoridadson aquellos que tienen recelo de sus propias fragilidades. Los lími¬tes deben ser colocados, pero no impuestos. Algunos límites, como comenté, son innegociables, porque comprometen la salud y la seguridad de los hijos, pe¬ro incluso en estos casos se debe hacer una mesa re¬donda con los hijos y dialogar sobre los motivos de es¬tos límites.
3. Ser excesivamente crítico: obstruir la infancia del...
tracking img