Los ultimos chimilas

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OS ÚLTIMOS INDIGENAS CHIMILAS
GUSTAF BOLINDER
Traducción de Sonia Goggel
Fotografías: Jorge Mario Múnera


Con motivo de las dos expediciones que efectué durante los años de 1914/15 y 1920 en el norte de Sudamérica, tuve la oportunidad de un corto encuentro con indígenas chimilas de los bosques alrededor del Río Ariguaní, el cual baja de la Sierra Nevada y desemboca en el Río Cezár (sic).Desafortunadamente estas visitas, en cuanto a su duración, fueron muy limitadas, ya que en ambos casos estaba a punto de regresar a Europa y, aparte de eso, no era fácil encontrar las chozas de los indígenas.
En octubre de 1915 crucé, acompañado por mi sirviente indígena, Francisco, los bosques que se encuentran en el camino entre la ciudad de Valledupar y el punto final del ferrocarril de SantaMarta, Fundación, en búsqueda de indígenas chimilas que se decía debían vivir allí. Habíamos calculado algunos días para encontrar a los indígenas, a los cuales deseaba conocer sin falta. A causa de la estación de lluvia reinante nuestro propósito fue considerablemente dificultado, ya que los caminos se encontraban pantanosos e inutilizables. Constantemente nos rondaban insectos. De día éramosatacados por "moscas de arena", llamadas jejens (sic), de noche por mosquitos de fiebre y al atardecer nos manteníamos muy ocupados tratando de liberarnos de garrapatas y niguas. El Río Ariguaní había crecido considerablemente a causa de la lluvia, lo cual nos obligó a pasar 24 horas en la orilla oriental antes de poder atravesarlo con los caballos y con nuestra única mula cansada y entumecida. Estalarga espera nos fue de todos modos provechosa, ya que por casualidad encontramos a un hombre sólo y enfermo, acostado a la orilla del río: había sido mordido por una serpiente. Le ayudamos lo mejor que pudimos y se evidenció que él era la única persona entre las que nos habíamos topado hasta ese momento, capaz de describirnos el camino que nos llevaría a donde los chimilas. Después de cruzar elrío anduvimos errantes a lo largo de la orilla durante largo rato, buscando un sendero entre la hierba enmarañada y de la altura de un hombre. Gracias a la sagacidad de Francisco finalmente encontramos un camino muy malo, el cual tenía la apariencia de ser el que nos llevaría a donde los chimilas. Nos vimos obligados a dejar los caballos y la mula en la orilla, ya que era absolutamente imposiblellevarlos por ese camino. Empero sólo caminamos unas pocas horas para llegar a la primera choza chimila, una casa grande totalmente cubierta por hojas de palma.
Los indígenas que se encontraban en la casa, un hombre de edad, una mujer, un muchacho y una mujer de mediana edad con un bebé, si bien no nos recibieron con abierto desaire de todos modos fueron muy reservados. A alguna distancia vivía otrohombre, solo, en una casa grande y similar a la anterior, a la cual, además, pertenecían dos chozas abiertas que servían de despensa. Desgraciadamente sólo nos fue posible quedarnos durante ese día donde los indígenas, ya que debíamos regresar al encuentro de nuestros animales. Además, estábamos tan retardados que en Fundación ya se había ordenado la preparación de una expedición de rescate, comomás tarde nos enteramos. De todos modos nos fue posible recoger una pequeña pero muy interesante colección de utensilios.
Después de haber finalizado mi expedición donde los indígenas goajiros, paraujanos y motilones en 1920, llegamos a Barranquilla a esperar un barco. Resultó, empero, que antes de la salida del barco teníamos una semana a nuestra disposición, lo cual me llevó a la decisión devisitar de nuevo a los chimilas. El fotógrafo de la expedición y yo viajamos a través del delta del Río Magdalena hacia Ciénaga y de allí con el ferrocarril a Fundación, mientras que mi mujer permanecía en Barranquilla. En Fundación nos fue dicho que sólo restaban 14 indígenas chimilas y que vivían en un pueblo entre Fundación y el Río Magdalena. Además, nos comentaron que estos indígenas se...
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