Machote demanda amparo indirecto por falta de emplazamiento

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LA LLAMADA Una noche del mes de abril de 1999 cuando me disponía a retirar de mi consultorio revisé, como es mi costumbre, la agenda de llamadas no urgentes que se habían realizado durante el día. Mi secretaria me refirió que sólo había una. Se trataba de una joven recomendada por una colega siquiatra quien atendía a la paciente por problemas de violaciónsexual. Me llamó la atención que la paciente comentara que ya estaba siendo atendida y solicitara cita conmigo. Pensé que a lo mejor requería de una segunda opinión sobre el caso, lo cual es relativamente frecuente, así que tomé nota del día y la hora de la cita. Al salir del consultorio olvidé el asunto. Abordé mi auto y me dirigí a casa, ubicada en los suburbios del sur de la ciudad. Mientras ibaascendiendo por las laderas a la zona montañosa, gigantes verdes aparecieron dando una apariencia campirana al paisaje. De noche el macizo de montañas boscosas resultan impresionantes. Mis cavilaciones terminaron. Había llegado a casa. No imaginaba, ni remotamente, que a partir de ese momento mis concepciones acerca de ciertos aspectos de la vida darían un vuelco sorprendente, una aventuramística apasionante estaba por comenzar y los primeros indicios estaban emergiendo como tiernos brotes. Llegó el jueves. El día de la cita de la joven que me remitía mi colega. Terminé de ver a mi paciente anterior y entonces apareció ante mí una chica de veintiún años. Se llamaba Cecilia y su naturaleza era dulce y atractiva. De piel morena, tenía cierto aire de las mujeres hindúes. En realidad proveníade la costa sureste del país. Su vestido era impecablemente blanco y calzaba sandalias de cuero. Adornaba su cuello con un lindo collar de obsidiana y turquesas. Daba la impresión de fragilidad y durante los primeros momentos se mostró algo reservada. Tras la angustia reflejada en su rostro. Sus ojos color miel dejaban traslucir una fina sensibilidad. Su trato era refinado y su discurso dejabaclaro que era una persona con amplia cultura. Al preguntarle sobre su ocupación, me comentó que era estudiante universitaria que trataba de graduarse en la escuela de estudios superiores de pintura, escultura y pirograbado. Tenía la inquietud de
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realizar una sesión de hipnosis para ver si podía recordar una de sus vidas pasadas. Mi colega sabía que como parte de mis inquietudes espiritualesdesde hacía tiempo me dedicaba a ello, así que decidió remitirla a mi consultorio. Al llegar a mi casa después de la sesión con ella no pude conciliar el sueño de inmediato. Por alguna extraña razón estaba inquieto. Una rara premonición se fue apoderando de mi ser. No era la primera vez que me sucedía. Mi entrenamiento en una escuela iniciática me había familiarizado con el despertar de lasfacultades intuitivas. Durante muchos años fui adiestrado para escuchar esa “pequeña voz interior” propia de los profundos estados de meditación. Sabía que podía aportarme una guía en los momentos difíciles. Recordé que la forma más frecuente en que se ha manifestado en mi vida ha sido siempre a través de un poderoso impulso a comprar cierto libro. He observado que cuando tengo algún problema queobjetivamente no he podido resolver, me surge una imperiosa necesidad de ir a una librería. Por lo general esa intuición me orienta a elegir un libro en particular. Descubro, posteriormente, que la respuesta que buscaba se encuentra en él o bien que ésta “surge” durante la lectura. Un ejemplo de ello está contenido en Walden, Sobre mi vida en los bosques de Thoreau. Cierto día fisgoneaba en una libreríay el libro atrajo poderosamente mi atención lo compré y al llegar a casa pude extraerle la miel a un maravilloso fragmento que reflejó mis más profundas inquietudes.
Fui a los bosques porque quería vivir con un propósito: para hacer frente sólo a los hechos esenciales de la vida, para ver si era capaz de aprenderlo que aquélla tuviera que enseñar, y para no descubrir, cuando llegase mi hora,...
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