Macroeconomia

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EL LEGADO DA VINCI LEWIS PERDUE

Capítulo 1

Domingo, 2 de julio

Matar le gustaba. Lo único que le producía ansiedad era tener que esperar. Eso era lo que sentía en esos momentos, sentado allí dentro, con la frescura de la piedra protegiéndolo del calor abrasador.
Con el dorso de la mano se secó las diminutas gotas de sudor que perlaban su labio superior a pesar de la frescura reinante enaquella cueva construida por el hombre. Disimuladamente miró derredor fingiendo que atendía a la misa. Si, Pensó, era una cueva hecha por el hombre, con el mármol de Elba y oro de África, y elementos suntuosos traídos de todo el mundo.
Odiaba las iglesias, todas las iglesias, pero especialmente, como aquella, habían necesitado del trabajo de toda una vida de miles de personas. Tanto las iglesiascomo las cuevas eran todas refugios de la Edad de Piedra, para ideas de la Edad de Piedra.
- Señor Dios de los Ejércitos---- Entonaron al unisonó los congregados----. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.
En un intento de pasar inadvertido, se sumo a los demás en su italiano un oficial.
Echó una mirada a las elaboradas pinturas de santos y angeles, de serafines y querubines quecubrían las paredes del recinto. Contrastando vivamente con tanto esplendor las personas de clase baja o medio- baja permanecían sentadas envaradas e incomodas con las ropas formales que solo se ponían para acudir a misa. Los hombres, de manos callosas y pelo evidentemente cortado por las mujeres. Estas, corpulentas y en cierto modo dignificadas por su tamaño. Entre ellos, unos jovencitos que seremovían inquietos deseando sin duda estar en cualquier otra parte.
Entre la anodina multitud, destacando como piedras preciosas, se veía a los turistas, la mayoría norteamericanos, supuso, bien vestidos. Aunque con sus casi dos metros de estatura era un poco más alto que los demás, podía pasar sin problema por un turista norteamericano.
Ese había sido un error fatal para más de uno.
----hosanna en las alturas---- entono siguiendo el libro de plegarias.
---- Bendito el que viene en nombre del señor.
Delante de el, un muchachito de unos nueve años se movía incomodo, aburrido por le servicio y al parecer nada impresionado por la cátedra, Duomo de pisa, tan próximo a la torre inclinada.
---- Hosanna en las alturas.
Los fieles calleron el sacerdote, ataviado con su casulla de ceda rojade la festividad de la sangre de Cristo, del dos de julio, prosiguió la misa en italiano.
El hombre se seco otra vez el sudor que le cubria al labio y nerviosamente, se paso los dedos por su pelo color arena. Mientras las palabras de la misa resbalaban sobre el, paso revista a la nave, a diferencia de la mayor parte de las catedrales, este estaba bien iluminada gracias a las enormes ventanassuperiores que la llenaban de luz. Lenta, casi imperceptiblemente, la enorme linterna de bronce a la que llamaban la lámpara de galileo empezó balancearse en el aire.
El hombre hecho una mirada ansiosa a la galería que había casi a la altura del techo de la enorme catedral y conducía a una puerta. Su vista fue bajando despacio desde esa puerta, paso sobre la imagen de un Cristo con incrustacionesde oro y se poso en el altar, con su imponente crucifijo de bronce de casi dos metros de altura diseñado por…, reduzco en su memoria…, por Giambologna. Si, pensó, eso era, Giambologna. Dios, lo que podría haber hecho esa civilización si sus mejores mentes no hubieran perdido el tiempo hallando, fundiendo y pintando cruces.
---- Pero esa misma noche dio la mayor prueba de su amor. Tomo el pan desus manos- entono el sacerdote cogiendo la ostia y levantando la vista la cielo. El Hombre siguió su mirada, observando furtivamente una vez más la galería y la puerta.
---- Y dando gracias---- prosiguió el cura haciendo la señal de la cruz sobre la ostia----, lo bendijo y, cortando el pan, se los dios a sus discípulos.
Los fríos ojos azules del hombre no se apartaban de altar. Metió la mano...
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