Maestros de la sospecha

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MAESTROS DE LA SOSPECHA
Freud puso gran empeño en mostrar que la parte teórica del psicoanálisis constituía una nueva ciencia. Es cierto que no elaboró un tratado sistemático de epistemología psicoanalítica, pero en diferentes lugares de sus obras se encuentran observaciones y puntualizaciones al respecto. Sin embargo, lo que hoy sabemos del funcionamiento de la ciencia nos obliga a ser muycautos en lo que se refiere a suscribir el punto de vista de Freud acerca del carácter científico del psicoanálisis.
La dificultad máxima viene de dos fuentes. Por un lado, del objeto mismo de investigación psicoanalítica, esto es, del inconsciente, pues éste se va constituyendo en algo significativo, comprensible o relevante a medida que le hacemos objeto del propio discurso psicoanalítico, esto es,a medida que lo vemos con las categorías propias del psicoanálisis. En caso contrario es algo opaco, insignificante, carente de entidad. Para que esto sea objeto de investigación tenemos que aceptar la teoría previa que nos lo hace explícito. Ello se debe al simple hecho de que si nos guiamos por nuestra conciencia y aceptamos el valor de nuestras percepciones y conocimientos no se nos ofrece loinconsciente, por definición, oculto, inasequible a los procesos de nuestra intelección. Este hecho supone prácticamente un cambio de paradigma que en modo alguno puede homologarse con el resto de los dominios científicos conocidos en los que, para empezar, el objeto se presenta de modo mucho más directo a la observación.
La segunda fuente de dificultades procede precisamente de la posibilidad deverificar, de comprobar y de contrastar las observaciones de las que parte el psicoanálisis. El problema de la prueba ha sido y es una de las cruces que lleva a cuestas el psicoanálisis para ingresar por la puerta grande —o para ingresar, sencillamente—, en el seno de la comunidad científica. Pues, aún cuando a las observaciones de Freud puedan sumarse las de multitud de colegas hasta elpresente, se hace preciso buscar vías alternativas de experimentación o afinar las existentes con el fin de cumplir con los requisitos de publicidad y universalidad, necesarios en toda ciencia. En todo caso es un tema abierto, sobre el que se ha vertido abundante tinta. Ello ha permitido a algunos autores como Ricoeur abrir una vía de contacto para el psicoanálisis entre las ciencias hermenéuticas —oentre la racionalidad hermenéutica y la fenomenología, habida cuenta de la dificultad de expresarse por el procedimiento de un lenguaje observacional canónico.
Sin embargo, existe un dominio del conocimiento científico en el que el psicoanálisis se ha situado con evidente comodidad y ha desplegado una gran imaginación. Me refiero con ello a la creación de un potente marco teórico en el que existe unagran riqueza conceptual, como, por otra parte, hemos tenido ocasión de comprobar en los capítulos anteriores.
Este nuevo marco teórico se extiende en tres direcciones. Por un lado está la dirección tópica. A través de ella Freud se esfuerza en dotar de dimensión espacial a sus descubrimientos, localizando en el aparato psíquico cualidades e instancias distintas que se asentarían, por decirloasí, en «lugares» diferentes. Constituiría este el fundamento espacio-estructural del psicoanálisis.
En segundo lugar, nos encontraríamos con la dirección dinámica, por la que el funcionamiento del psiquismo es estudiado a partir de la actividad que éste despliega, en función de sus movimientos, de sus procesos, como es el caso de la relación entre instancias psíquicas o el dinamismo de los sueños, olos procesos por los que reprimimos ciertas representaciones haciéndolas inconscientes. Estaríamos, en este segundo caso, ante el fundamento cinemático del psicoanálisis. Si nos fijamos conjuntamente en estas dos direcciones podríamos observar como Freud construye su marco teórico en deuda con las ciencias físico-naturales, quizá porque su paradigma de racionalidad le pareciese el más...
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