Manos libres

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 3 (589 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 26 de mayo de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
Se sientan sobre las rodillas de los hombres, restregando su carne sobajeada contra las
manos torpes. Las bocas se besan con fingido ardor, entre risotadas, pellizcos y agarrones
equívocos. Losmineros se dejan conquistar y vencer por las palabras cálidas de estas
mujeres que quisieran dormir semanas o meses en vez de hallarse en este pobre salón.
Las parejas desaparecen hacia adentro,como empujadas por la voz de Jacintito que canta el
último vals con la actitud de un pollo que se traga una pepa de sandía. La Vieja Linda
recoge botellas a medio vaciar para ir llenando, con losrestos, otras que llegarán al pedido
del cliente rumboso.
Parado en la puerta de calle, dormitando como un perro, está Menegildo, el Sacristán, con
su cara siempre a medio rapar, su pelo corto ysu gesto de asombrado torpor. Es el “loro’
del prostíbulo, el encargado de avisar cuando viene “la comisión”, y parece hallar-


se satisfecho de su oficio. Lo cumple a conciencia, como un rito.En agosto, el viento le
corta las carnes, pero él no abandona su puesto y allí se queda, encogido bajo su gruesa
manta de Castilla, tiritando. A veces, compadecidas de él, las niñas tráenle unbrasero y el
Sacristán extiende sobre los carbones humeantes sus manos largas y suaves. La luz azul de
arriba y el resplandor violento del fuego, lo definen. Su frente es celeste y su barbillacobriza. En medio de la cara, los ojos son un hueco sin contornos, llenos de misteriosa y
espantable vida. Los labios aparecen morados por el reflejo del farol. El Sacristán está
siempre pronunciandopalabras de vago sentido, como si soñara. A veces diríase que reza.
En otras canta himnos litúrgicos, inocentes o graves, que se confunden con las risotadas,
blasfemias y chillidos que llegandesde adentro.
Menegildo es amigo de todos los rapaces del barrio. A veces, en verano, los chiquillos
eluden la vigilancia materna para llegarse hasta él. Su palabra corporiza entonces historias...
tracking img