Mar de historias

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LOPEZ HERNANDEZ DULCE ALEJANDRA
Sólo chatarra
Mar de Historias
Cristina Pacheco
-Qué bueno que nos detuvimos a tomar un café. Estoy muerta. (Palmira se acaricia las ojeras.) ¿Se nota mucho que lloré?
–Si no te fijas, no. (Ángel oprime la mano de su esposa.) Nunca pensé que llegaras a querer tanto al Pelirrojo.
–Mejor ya ni me lo recuerdes.
–Chaparra: sabías que esto iba a suceder tarde otemprano, lo hablamos varias veces. ¿Entonces?
–Sí, pero ¿qué quieres? Nada más de imaginarme que cuando regresemos a la casa él ya no estará…
–Mejor alégrate pensando en que el patio quedó libre y otra vez podrás tener allí tus macetas. (Sonríe y tamborilea sobre la mesa.) Acabo de recordar el día en que te presenté al Pelirrojo. Fue un sábado. Te encontré furiosa.
–Pues claro: quedaste enpasar por mi suegra, por Julita y por mí a las dos de la tarde. Dieron las cinco y tú sin aparecer. Me imaginé lo peor. (Lo observa con malicia.) Ahora que lo pienso, nunca me dijiste por qué se te hizo tarde aquel día.
–Anduve dando vueltas pensando en la forma de decirte que iba a necesitar tu patio para meter al Pelirrojo.
–¡Como si me tuvieras tanto miedo!
–No era eso. Sabía cómo adoras tusplantas y pedirte que las sacaras me resultaba muy difícil.
–Más que por mis macetas, quería tener el patio desocupado por tu mamá. Acuérdate de que allí Merceditas se ponía a asolearse y cuidar a su nieta mientras la niña jugaba.
–Julia era una pingüica de cinco años, pero desde entonces era muy lista y muy atrevida.
–Por eso nos metió el gran susto aquella mañana en que la encontraste montada enel Pelirrojo a punto de salirse a la calle.
–Porque tenías la puerta de par en par…
–Ah, sí. Ahora vas a salirme con que fue mi culpa. Reconoce que si no hubieras dejado las llaves pegadas, ella no habría echado a andar al Pelirrojo. Por cierto, ¿cómo se te ocurrió llamarlo así?
–Porque el coche era colorado. (Hace un gesto de contrariedad.) Era… Sentí feo al decirlo.
–Piensa que ya tenía susañitos, le tocaba el doble Hoy no circula y cada vez podíamos usarlo menos.
–Sería un modelo descontinuado y lo que quieras, pero era un súper carrazo. En línea, en carrocería se lleva de calle a los de ahora. Y ¡qué bruto, qué motor! Nunca falló, nunca nos dejó tirados.
–¡Claro que sí!
–¿Cuándo?
II
–Ay, Ángel, aquella vez que quisiste llevarnos a Acapulco. El Pelirrojo se descompuso en TresMarías y allí nos quedamos horas esperando la grúa. Estabas lívido de furia.
–Pues cómo no. Llevaba meses con la ilusión de sacar al Pelirrojo a carretera y que se me descompone cuando ni lo había corrido a 100… Pues, ¡claro que estallé! Además, se me hacía muy gacho que nuestros vecinos nos vieran regresar horas después de que salimos de vacaciones, y para colmo ¡remolcados!
–A Julita leencantó que nos jalara la grúa. Se pasó todo el camino riéndose y saludando a las personas que iban en otros coches y volteaban a mirarnos. Más que la descompostura, eso fue lo que te puso de tan mal humor.
–Y tú ¿cómo venías? ¡Furiosa
–¡Y cómo no! Primera vez que nos daban vacaciones al mismo tiempo a ti y a mí, primera vez que llevábamos a Merceditas y a la niña al mar, y ¡quedarnos en Tres Marías!Ya sé que te va a caer muy gordo lo que voy a decirte, pero recuerda: te pedí mil veces que llevaras el coche a revisión antes de que saliéramos. No me hiciste caso y allí tienes las consecuencias.
–¿Qué te pasa? ¡Claro que lo llevé! Le hicieron servicio exprés, porque era un coche más o menos nuevo y no estaba chocado.
–Eso te dijo Isauro para vendértelo, pero no tuviste la precaución de quelo revisara un mecánico.
–Isauro es mi hermano, no iba a desconfiar de él.
–Mira Ángel, en cuestión de negocios no hay que fiarse de nadie y menos si es de la familia. A mí, la verdad, se me hizo muy raro que te vendiera al Pelirrojo tan barato y con tantas facilidades.
–Pero no creas que lo hizo porque el coche estuviera chocado.
–¿Entonces por buen samaritano? ¡Dímelo!
–Okey, te lo voy a...
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