Mario bunge

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MARIO MUNGE
En el reparto de clichés, el científico asiste al inventario: mansito, obsesivo, estudioso. Desde luego, Mario Bunge, rara avis en el Olimpo de la ciencia, ha logrado convertirse en algo más que en un científico respetable. Sus intervenciones, siempre poderosas, levantan ampollas y adhesiones por igual, y lo promueven como un intelectual titánico. Por eso, no extraña que en laafanosa búsqueda por el consentimiento sea consultado una y otra vez por la tribuna. ¡Ey!, hombre, dígame: ¿qué piensa del país? Las minas más lindas, el fútbol auténtico, la mejor carne, ¿verdad? Y entonces el hombre, que intenta ser lumbre en el misterio, faro y conciencia, no concuerda. Válgame Dios. La tropa de detractores engorda: ¿quién es éste para decirnos lo que hacemos bien o mal si hace 45años que vive fuera del país? La perla siempre encastrada que a veces se libera y descarga. Devolvedla a las profundidades, entonces.
Mario Bunge es físico, epistemólogo y filósofo. Acumula quince doctorados honoris causa, el premio Príncipe de Asturias, y ha escrito cinco decenas de libros. Centurión de una generación perdida, carga con 88 años, un apellido tradicional y sus ojos ya no tan azules.Resiste en graduarse de viejo, y alterna con gusto su prédica de vedette literaria con sus pregones políticos a mansalva. Un púgil de buen gancho. En 1960 cosechó fama con La ciencia, su método y su filosofía. Sin embargo, fue su monumental y ambicioso Treatise on Basic Philosophy (Tratado de filosofía básica) el que lo catapultó como filósofo a escala planetaria. Ocho tomos escritos en inglésentre 1984 y 1989; ninguna traducción aún al castellano, aunque Editorial Gedisa promete el primer tomo (Semántica 1. Sentido y referencia) para la Feria del Libro.
Siete años pasaron de su última visita al país, y ahora, invitado por la Feria del Libro, prepara las valijas para desembarcar nuevamente en Buenos Aires. Antes del arribo, Bunge, torrente infatigable de razonamientos y quebrantos,accedió a esta entrevista exclusiva.
—¿Qué expectativas tiene de su regreso?
—Buenas. Ansioso por ver viejos amigos y serle útil a los jóvenes, indicándoles caminos de investigación, inquietarlos para que vayan al exterior por un tiempo a especializarse en alguna rama de la ciencia que no se cultive en la Argentina. Porque la última vez que estuve advertí que mucha gente está atrasada de noticias.Siempre recuerdo un curso para profesores de Ciencias Sociales que di en la UBA en el ’95 donde me encontré que, salvo por uno o dos, la información se paraba en 1960. No tenían acceso a las principales publicaciones, y eso por un motivo sencillo: las bibliotecas argentinas están desnudas, ya no se suscriben a revistas, y si uno no lee revistas y sólo lee libros, no está al día. Sumado, claro, a queno se investiga. Por ejemplo, en la Facultad de Psicología de la UBA no hay un solo laboratorio de psicología experimental, están como en la Edad Media. Sólo se guían por libros, y no los mejores.
—¿Y por qué ocurre esto?
—Por el ansia de hacer dinero de la psicología mercantil, que promueve entenderlo todo con cuatro fórmulas fáciles: las psicoanalíticas. El psicoanálisis ha destruido la pocapsicología que había en la Argentina. Y en cuanto a las ciencias sociales, las dictaduras destruyeron la escuela que había creado Gino Germani. A las dictaduras les molestan mucho las ciencias sociales; toleran la repetición sistemática de teorías ya apolilladas como la microeconomía neoclásica, pero no les gusta la investigación empírica de problemas sociales actuales.
—Pero hace casi tresdécadas que en la Argentina hay democracia, y no se aprecian mejoras en ese campo.
—Tiene razón, pero también es cierto que los gobiernos democráticos surgidos desde 1952 no reforzaron la ciencia. Actualmente, el presupuesto dedicado a ciencia básica es 0,4% del PBI, mientras Brasil asigna el 1%, y acaba de duplicarlo. Países como los Estados Unidos o Alemania asignan seis veces más que la...
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