Matrix

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  • Publicado : 11 de septiembre de 2012
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Decadencia. Ésa es la palabra clave de los tiempos que se vi¬ven. No en vano esta obra comenzará con la descripción del co¬lapso del Imperio Romano. La decadencia siempre opera como una señal anticipatoria de lo que viene. Decadencia en las artes, en la filosofía, en la literatura, en la música que se escucha masivamente, en las religiones, en la escala de valores de las gen¬tes. Decadencia.Imágenes y simulaciones. Simulación de capitalismo com¬petitivo cuando en realidad cada día las megacorporaciones con¬centran más dinero y poder, y dominan cada vez más el univer¬so económico. Ello implica una progresiva imposibilidad de libre competencia en cada vez más mercados. Escandalosas ope¬raciones económicas en las sombras, a veces mudas, secretas, y a veces a cielo abierto, que conspirancontra la supuesta "liber¬tad" de la que deberían gozar los ciudadanos de una vastísima cantidad de países —si es que éstos aún existen en un sistema globalizado— del mundo.Partidos políticos indiferenciados. Izquierda y derecha que se entrecruzan, cambian de roles y se miran al espejo, proyec¬tando la misma imagen. Políticos cada día más parecidos, casi clonados entre sí. La verdadera democracia, sila hay, es sólo re¬manente, para cuestiones cada día más municipales y barriales. Sólo subsiste en contadas excepciones, en algunas —muy po¬cas— naciones desarrolladas y algunos países en vías de desa¬rrollo que están recobrándose lentamente de sus escombros, y oponiéndose —como pueden, y mientras puedan— a los dicta¬dos del Nuevo Imperio Romano. Los pueblos, en general, están cada día másalejados de las grandes políticas nacionales, que —y no es un juego de palabras— nada suelen tener de naciona¬les. Gran paradoja de los sistemas que dicen respetar el concep¬to de democracia representativa y republicana.Basta con encender el televisor para ver cada vez más la repe¬tición al infinito, a toda hora, de los crímenes que se producen en las ciudades, en las periferias, que ayudan a encubrirlas verda¬deras noticias que permanecen ocultas tras el efecto hipnótico de la televisión, donde —con algunas honrosas excepciones— ya se puede ver casi cualquier basura travestida de noticiario, de pro¬grama periodístico, de espectáculo, de entretenimiento, o de pa¬rodia de la propia realidad que se copia y copia a sí misma, auto-generándose. Periodistas con temor a preguntar y entrevistados queimponen —tácita o taxativamente— agendas de preguntas y respuestas casi apegadas a un guión. Este fenómeno, circense en varios países en vías de desarrollo, se convierte en realidad en al¬go mucho más siniestro en el propio centro del Nuevo Imperio Romano donde el despliegue de fondos colabora a tapar, con des¬pliegue de corresponsales y derroche de dinero, la verdadera in¬formación que sueleencubrirse con desinformaciones, falseda¬des, y medias verdades.
Es suficiente con salir a la calle, o ir a una discoteca por las noches, en cualquier ciudad importante del mundo, para ver có¬mo han cambiado las cosas: la juventud ha sido cautivada en bue¬na medida por la cocaína, el éxtasis, el alcohol, la prostitución y fenómenos aun mucho más grotescos, tristes y preocupantes. Pe¬ro a la vez sepresiente, se intuye, una confusa señal del necesario y saludable fin de fiesta que en algún momento deberá ocurrir.Ésas son algunas de las características del mundo "moder¬no" y del supuesto "progreso científico y tecnológico", que en sí mismo no es ni bueno ni malo, dado que depende de cómo sea utilizado, a qué ayuda o qué daña.
Nada de esto carece de consecuencias para ninguno de no¬sotros. Elbombardeo desinformativo que recibimos de los me¬dios cada día nos hace desconfiar más del vecino, del descono¬cido, del conocido, del semejante y del diferente. Relaciones so¬ciales de grupos cada vez más cerrados en sí mismos, casi endogámicos, amistades cada día más ceñidas al ciberespacio, al e-mail y al chat.
George Orwell decía en su magnífico 1984 que la libertad es la esclavitud. No se...
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