Md. una vida hecha evangelio

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  • Publicado : 5 de marzo de 2012
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Madeleine Delbrêl, una vida hecha Evangelio


Un aspecto que llama profundamente la atención cuando se va conociendo a Madeleine Delbrêl es el silencio desde el que vive. Ha escrito varios libros, bastantes artículos y, sobre todo al final de su vida, dio conferencias en tantos lugares como se le pidió. Y sin embargo, sorprende el silencio acerca de sí misma: apenas hay referencias a cómovive ella las cosas, como si todo lo que vivía fuera para ser entregado de nuevo. Pequeños billetes, que sus compañeras conservan tiernamente, alguna referencia en sus cartas y, paradójicamente, algún relato de su vida hecha en sus libros, para todo aquel a quien le pueda servir. El silencio no es por tanto opción de vida, sino consecuencia del amor, consecuencia de la pertenencia a Otro, porquien se vive y a quien se mira. La propia vida se acalla para acoger a quien es Palabra, de manera que, la palabra que después nosotros podamos pronunciar, se ha convertido en esta Palabra, se ha purificado de sí al acallarse por amor. “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”[1].


Esto resulta tanto más sorprendente en nuestro tiempo y en nuestra Iglesia: parece que eltalante dominante –y eso, entre quienes quieren vivir a fondo- es de autoafirmación personal, de no dejarse dominar por nadie, de tener un pensamiento propio y gastar las fuerzas en unos aprendizajes que nos ocupan la vida. Estamos en tiempo de procesos, en los cuales llegar a ser quien una es se revela como imprescindible, y nuestros trabajos van encaminados a lograr la autonomía necesaria paraser “nosotros mismos” a todos los niveles. Qué duda cabe de que esto es necesario, y ayuda a la persona. Pero el “trabajarse”, el vivir en proceso, tiene dos caras: vamos descubriendo también que el proceso tiene su componente narcisista, y a menudo “mi” proceso es más relevante que la voluntad de Dios, no sólo en los primeros pasos del recorrido, sino que opera como “coartada” también para no pasara los siguientes, aquellos en que la persona entrega su autonomía a Dios y consiente en obedecerle como Señor y gasta la vida, como es lo propio del discípulo, en servirle (vivimos a veces el “trabajarse” como una nueva manera de controlar a Dios, del modo que antes lo hacíamos con las buenas obras o los sacrificios).


Vemos a menudo cómo nuestros indudables trabajos y tomas de concienciano sólo nos despiertan, sino que también nos justifican: para negarnos a avanzar según Dios, para reconocer su Señorío absoluto, para entregarle nuestro miedo a perder todo lo conseguido.


Y aquí entra Madeleine Delbrêl: hija de esta misma época nuestra, sensible a semejantes presiones y circunstancias, afectada de ateísmo y orgullosa de sus cualidades, plena de fuerzas y capacidades, conun pasado –la guerra- que la despierta la certeza de la muerte y por ello la abre al deseo de más vida, y un futuro prometedor –la poesía, la filosofía, las grandes relaciones- ante sí. He aquí que se pone a rezar.


Esto es lo que son entre nosotros los santos: no gentes distintas, “con más facilidad”, solemos decir, para amar a Dios y a los hermanos. Son gentes que se han dejado prenderel corazón. Gentes que han consentido en la atracción de Dios y han caminado desde ahí. Con sus tensiones y dificultades, que siendo las nuestras en lo humano, en lo cotidiano, han visto el mundo, no desde el mundo, sino desde el amor que ocupa su corazón. Han mirado el mundo desde los ojos de Dios. Esta es la diferencia que marca el camino: para unos, el camino será mirarse y remirarse cada día,ahogados por su yo y con dificultades después cuando hayan de entregarlo; para otros, el camino es dejarse arrebatar el corazón, consentir en que sea posesión de Dios, e ir colaborando sucesivamente en las distintas intervenciones de Dios en él. Han mirado el mundo y han vivido en el mundo con sus ojos.


Esta puede ser la razón por la que Madeleine, siendo contemporánea nuestra,...
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