Medellin

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EQUIPO TRES
Elementos de la narración
Son, fundamentalmente, cuatro: acción (lo que sucede), tiempo (cuando sucede), caracteres (personajes que la realizan) y ambiente (medio en que se produce dicha narración):

1.4. Tiempo de la historia/tiempo del discurso.

Al tratar el tiempo debemos distinguir entre el tiempo externo, que hace referencia a la época en que se sitúan los acontecimientosque forman parte Son, fundamentalmente, cuatro: acción (lo que sucede), tiempo (cuando sucede), caracteres (personajes que la realizan) y ambiente (medio en que se produce dicha narración):
de la historia, y el tiempo propio de la narración, el tiempo interno, que marca las relaciones cronológicas entre el relato –el discursos y la historia.
Dentro deeste tiempo interno tendremos que distinguir entre el TIEMPO DE LA HISTORIA y el TIEMPO DEL DISCURSO.

TIEMPO DE LA HISTORIA
Es el tiempo de la realidad narrada, el significado. Se define atendiendo a la sucesión cronológica de los acontecimientos y al tiempo que estos abarcan.

TIEMPO DEL DISCURSO
Se trata deltiempo del discurso narrativo, del significante. Será el orden en el que se narran esos acontecimientos y lo que ocupan.
La relación entre el tiempo de la historia y el del discurso marca el ritmo narrativo. Esta relación puede analizarse atendiendo a varios conceptos. Ahora sólo nos fijaremos en el orden.

1.4.1. Orden
Las discordancias entre el ordende la historia y el del discurso se denominan “anacronías”. Las principales relaciones temporales basadas en el orden son la analepsis y la prolepsis.

Analepsis o retrospección es cualquier evocación, después del suceso, de un acontecimiento anterior al momento en el que se narra en el discurso.
Prolepsis o anticipación consiste en contar o evocar por adelantado un suceso posterior.En el texto que leerás a continuación, fíjate en las marcas temporales y cómo el narrador nos lleva del presente al pasado –viernes–, luego a un pasado más reciente –domingo– y después a tres meses antes.

Eran las cinco de la tarde de un martes de finales de abril. Julio Orgaz había salido de la consulta de su psicoanalista diez minutos antes; había atravesadoPríncipe de Vergara y ahora estaba en el parque de Berlín intentando negar con los movimientos de su cuerpo la ansiedad que delataba su mirada.
  El viernes anterior no había conseguido ver a Laura en el parque, y ello le había producido una aguda sensación de desamparo que se prolongó a lo largo del húmedo y reflexivo fin de semana que inmediatamente después se le había venido encima. La magnituddel desamparo le había llevado a imaginar el infierno en que podía convertirse su vida si esta ausencia llegara a prolongarse. Advirtió entonces que durante la última época su existencia había girado en torno a un eje que atravesaba la semana y cuyos puntos de apoyo eran los martes y los viernes.
El domingo había sonreído ante el café con leche cuando eltérmino amor atravesó su desorganizado pensamiento, estallando en un punto cercano a la congoja.
Cómo había crecido ese pensamiento y a expensas de qué zonas de su personalidad, eran cuestiones que a Julio había preocupado no abordar, pese a su antiguo hábito –reforzado en los últimos tiempos por el psicoanálisis– de analizar todos aquellos movimientos queparecían actuar al margen de su voluntad. Recordó, sin embargo, la primera vez que había visto a Laura, hacía ahora tres meses. Fue un martes, blanqueado por el sol de media tarde, del pasado mes de febrero. Como todos los martes y viernes desde hacía un par de meses, se había despedido del doctor Rodó a las cinco menos diez. Cuando ya se dirigía a su despacho, le invadió una sensación de plenitud...
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