Memorias

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LA HISTORIA EN UNA FOTO
Memorias del Che Guevara a los 80







Ernesto Guevara nació en Rosario, el 14 de junio de 1928 y murió en Bolivia el 9 de octubre de 1967.
En cuatro décadas tejió una vida de acción y compromiso político con las clases más perjudicadas.





Felipe Pigna. Historiador
fpigna@clarin.com






¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a unhombre!", dijo aquel combatiente vencido, con la vista nublada por el dolor y la derrota aquel mediodía del 9 de octubre de 1967 en la escuelita de La Higuera, mientras divisaba borrosamente a su verdugo, el soldado boliviano Mario Terán.

El hombre que había nacido en Rosario un 14 de junio de 1928 estaba prisionero tras su último combate en la quebrada del Churo la tarde anterior, y allí en suencierro en la espera del final, entre interrogatorios y agentes de la CIA, tuvo una larga noche para pensar y recordar, en la que probablemente vinieron a su mente muchas cosas, imágenes de una vida intensa, interesante, casi plena.

Una vida que no dejaba de pasar por aquel lugar indescriptible ubicado en algún sitio entre las pupilas y la memoria.

Desfilaban imágenes de una tarde de sol alláen Alta Gracia a donde los Guevara se habían mudado cuando él tenía 4 años para atenuar su asma. Veía nítidamente la cara de sus hermanos, de su padre y de su madre, Celia, la que lo animaba a animarse a más, la que nunca hizo de Teté un niño enfermizo, la que estimulaba su natural temeridad.

Sentía en aquel piso de tierra boliviana un partido de rugby de hacía treinta años en el que noimportaba nada más que ganarle al asma y a los contrarios. Llegaban entre los reclamos de dolor de su pierna herida de bala fotos blanco y negro de aquel día en las minas de Potosí con olor a explotación; también recuerdos de su querido Mariano Moreno, que más de un siglo atrás había puesto en letras el sufrimiento de los mineros que él, en 1952, había visto luchando por la revolución en el mismo país enel que ahora él estaba muriendo por la misma causa.

Seguramente se acordaba de su gran viaje, a la manera de su admirado Conrad, al "corazón de las tinieblas": aquel viaje en el que, como médico que era, le pudo tomar el pulso a la América real, la que nadie quería ver, sobre todo en un país tan "europeo" como la Argentina.

Vio de cerca aquellas vidas que según ellas mismas "no valíannada", jóvenes de 20 que parecían de 40, la tuberculosis, la muerte infantil, enfermedades llamadas desde siempre "evitables" o cínicamente calificadas como "sociales". Recordaba aquella maravillosa primera vez que pensó en que se podía curar de a muchos, en "remediar", "erradicar", "operar", y se dio cuenta de que entre la medicina y la política había muchas más conexiones de las que le habíanenseñado en aquella facultad que formaba doctores de chapa en la puerta.

Recordaba cómo en Perú conoció el dolor del leprosario y leyó a Mariátegui y se emocionó en Macchu Picchu, como Neruda.

Mientras Terán tambaleaba y él hacía el esfuerzo sobrehumano de tener que entender a su ocasional asesino, de tener que sobreponerse a la bronca y saber que su último aliento le iba a ser quitado por alguienque obedecía órdenes de muy arriba, tan arriba como Washington; mientras pensaba que no tenía que pensar, seguramente su cabeza no paraba y se acordaba de la primera vez que había tomado un fusil en aquella Guatemala de Jacobo Arbenz, el hombre que se había atrevido a la United Fruit.

Seguramente recordó su avidez por la lectura, aquella desesperación por los libros, por aquellas historias dehéroes absolutamente románticos, que lo llevaban por mares, selvas y valles, y aquel diccionario filosófico que se animó a escribir en plena adolescencia.

Se le borraban algunos detalles, pero se acordaba de aquel día de 1955, cuando se produjo su encuentro con Fidel, del plan de invasión a Cuba, de la carta a sus "viejos", de su definitivo cambio de vida y de su entrada a la historia....
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