Mentes asesinas

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No concibo cómo uno puede ir para casa, como si tal cosa, después de haber violado, torturado y matado a una joven. Es inconcebible, pero así es: el violador y asesino retoma la rutina sin más problema que ocultar el horrendo crimen que acaba de cometer.
Se sentará, tranquilamente, en la mesa, junto a sus hermanas, y charlará sobre lo que hizo el fin de semana, sobre el tiempo, y si viene acuento, que vendrá, acerca del degenerado que ha terminado con la vida de la joven a quien casi todos en el barrio conocían y querían. Mantendrá la sangre fría, el aplomo y el cinismo de forma que su madre se sentirá feliz y afortunada de tener en su casa a un muchacho no como esos que andan por ahí poseídos por el demonio, buscando una víctima en quien descargar sus más bajos instintos.

El psicólogoque indagó en las mentes asesinas
FELIPE CUNA

Para Lawrence Freedman la mente de los asesinos era un baúl lleno de sorpresas en el que quiso siempre entrar, hurgar y descubrir qué es lo que lleva a las personas a cometer un crimen, matar en masa e invocar a Dios al tiempo que colocan una bomba o disparan una ametralladora sin piedad. Freedman, especialista en la mente de los magnicidas, asesinosen serie y los terroristas, falleció hace unos días en su casa de Chicago a consecuencia de una embolia.
Sus trabajos le llevaron a trabajar estrechamente con el Servicio Secreto y con las agencias del gobierno norteamericano especializadas en perseguir a los asesinos que matan sin piedad a muchas personas. Y también colaboró con el FBI cuando creó a toda prisa una unidad especial de psicólogospara estudiar la psicología del terrorista después de los ataques del 11 de Septiembre del 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
Freedman mantenía que los magnicidas que atentan contra altas personalidades de un Estado o aquéllos que cometen crímenes indiscriminados en defensa de sus creencias religiosas son unos asesinos distintos a los que matan a una esposa o liquidan a alguien duranteun robo. Los primeros están convencidos de que están realizando un acto enviados por Dios y que su crimen es un bien para la sociedad en la que viven. El psicólogo mantenía que los terroristas también obraban de esta forma, seguros de que entregan su vida para realizar una obra que Dios ha diseñado y aprobado.
Los asesinos que obran con despecho contra una esposa o un vecino o los que seencuentran súbitamente en medio de un acto violento que termina en un crimen asumen estas mismas ideas -que obran en nombre de un poder superior y que hacen el trabajo sucio de la sociedad en la que viven-, pero solamente una vez que han entrado en prisión.
Sus investigaciones durante los años 50 y 60 sirvieron para que muchos estados de EEUU establecieran los parámetros legales sobre cómo se considera auna persona con sus capacidades mentales disminuidas o completamente alteradas. Sus trabajos interesaron al Servicio Secreto, con el que colaboró para descubrir a posibles asesinos de presidentes y de personalidades públicas después del magnicidio de Dallas contra el presidente John F. Kennedy.
En 1980, fue uno de los testigos de la defensa en el juicio de John Wayne Gay, un hombre que asesinó enGeorgia a 33 hombres y adolescentes y que fue ejecutado por sus actos. Para Freedman, la personalidad de Gay era una de las más complejas que había estudiado porque era capaz de describir cómo había asesinado a un muchacho como «si estuviera relatando como se toma un vaso de agua».
Sus esfuerzos no se dirigieron sólo a colaborar con las autoridades y con las fuerzas policiales sino que ayudó adefender a asesinos y a demostrar que no controlaban sus actos.
William Carroll, psicólogo y profesor de Derecho de la universidad John Marshall, ha declarado al diario The New York Times que Freedman consideraba el papel de los psicólogos criminalistas «como el de una profesional de la salud mental que debía simplemente explicar a un jurado la forma en la que trabaja la mente humana en el momento...
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