Mi estudio

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PARTE 5

LAS DISTINTAS OCASIONES

39. Discursos de sobremesa

Un público atento que ha disfrutado de abundante comida y bebida puede ser una auténtica delicia para un orador. Sin embargo, lo más frecuente es que éste se encuentre demasiado nervioso para disfrutar de la comida, y se contente con comerse lo principal de su propio discurso. Para evitar esta innecesaria situación, sólo hay queseguir unas cuantas normas básicas.
En primer lugar espere a que se haga el silencio- A continuación, dirija una mirada afable hacia la concurrencia y empiece diciendo: «Señor presidente, damas y caballeros--.», o lo que considere necesario, según el caso, Estas pocas palabras son muy útiles, pues gracias a ellas podrá descubrir que su voz sigue sonando bien después del banquete y, además,comprobará que (al menos en ese momento) su público está listo para escucharle y entretenerse con sus palabras.
Por muy pesada que haya sido la comida o la compañía, por muy importante que sea la ocasión o la posición social de los asistentes, nadie desea un discurso seco como postre para una comida bien regada. Por consiguiente, aunque su mensaje sea muy importante, procure ser condescendiente con elpúblico; comience con un chiste, una observación ingeniosa, una historieta, etc.
Los mejores chistes suelen ser los improvisados: alguna broma amistosa sobre el presidente, el restaurante o la comida... o una referencia indirecta a algún titular del periódico (lo cual agradará muy especialmente a los asistentes que lo hayan leído). Incluimos a continuación, por si acaso, algunas fórmulasadecuadas para empezar: «Hace unos momentos el presidente se volvió hacia mí y me dijo:
« ¿Quiere hablar ya, o les dejamos que sigan divirtiéndose un poco más?».
No hace mucho tiempo, una señora le decía al orador, después de haber pronunciado éste su discurso de sobremesa: "Señor Jones, ¡ha sido un discurso terrible!». El orador salió del paso como pudo y a continuación recibió el «consuelo» de otradama: «Siento muchísimo lo que ha dicho la señora... Tiene una lengua demasiado larga... y además es tan estúpida que ni siquiera es capaz de tener opiniones propias. Se limita a decir lo que oye a los demás...».
«Gracias por la hospitalidad que nos han brindado a mi esposa y a mí.
Como dice el refrán: Detrás de todo gran hombre, siempre hay una asombrada mujer...».
Aunque su observación seapoco ingeniosa, su humor sea poco agudo y sus chistes poco graciosos, siempre que los cuente con convicción, con seguridad y, por lo menos, con una sonrisa amable, podrá conseguir el contacto que desea establecer con los asistentes, Estos se acomodarán en sus asientos, se relajarán y, o bien se prepararán para seguir pasando un rato entretenido, o bien (en el peor de los casos) se resignarán arecibir el mensaje que usted les quiere comunicar.
Láncese ahora al tema de su discurso. Procure que sea breve. Lo más probable es que nunca haya oído quejas de lo corto o resumido que ha sido un discurso de sobremesa. Si el orador es excepcional, no es extraño que escuche eso de: «Podría seguir escuchándole durante toda la vida". Pero, aunque de verdad sintiese lo que decía, la práctica sacaría bienpronto de su error al oyente,
Cuanto más bajo sea su turno en la lista de brindis, más conveniente será la brevedad. ¿Por qué muchos de los oradores más inseguros estiman que es necesario ser los más prolijos en sus intervenciones? Quizá piensen que con la extensión de sus discursos lograrán compensar su falta de agudeza, su terror y su escaso ingenio. Está bien que alguien intente ganarse elapoyo del director de su banco, que trate de anular la oposición de sus adversarios persuadiéndoles de que admitan su postura, o que muestre su extraordinaria capacidad como vendedor dejando entrever claramente que no está dispuesto a marcharse en tanto no consiga lo que desea. Pero todo esto debe hacerse en privado. Al salir a la arena pública, en general, y al dirigirse a sus compañeros de mesa,...
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