Mi mama

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  • Publicado : 28 de noviembre de 2010
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A menos que uno es rico no se utiliza en ser un hombre encantador. Lo romántico es privilegio de los ricos, no la profesión de los desempleados.Los pobres debieran ser prácticos y prosaicos. Es mejor tener una renta permanente que ser fascinante. Estas son las grandes verdades de la vida moderna que Hughie Erskine nunca comprendió. Pobre Huguito!Intelectualmente, hemos de admitir, no era de muchaimportancia. Él nunca dijo una brillante, ni siquiera una cosa mal intencionada en su vida.Pero luego fue maravillosamente bien parecido, con su pelo castaño rizado, su perfil bien definido, y sus ojos grises. Era tan popular entre los hombres como entre las mujeres, y tenía todas las cualidades, excepto la de hacer dinero. Su padre le había legado su espada de caballería y unaHistoria de laGuerra de la Independencia, en quince volúmenes. Hughie colgó aquella sobre el espejo, puso esta en un estante entre la Guía de Ruff y la Revista de Bailey, y vivió con las doscientas libras al año que una anciana tía le permitió. Lo había intentado todo. Había ido a la Bolsa durante seis meses, pero lo que era una mariposa que ver entre toros y osos? Él había sido un comerciante de té para un pocomás, pero pronto se había cansado de pekoe y ligero. Luego había intentado vender jerez seco. Eso no ha respondido, el jerez era tal vez demasiado seco. En última instancia se convirtió en nada, un joven encantador, inútil, de perfil perfecto y sin ninguna profesión.
Para empeorar las cosas, que estaba enamorado. La muchacha que amaba era Laura Merton, hija de un coronel retirado que había perdidoel humor y la digestión en la India, y que nunca había encontrado uno de ellos de nuevo. Laura le adoraba, y él estaba dispuesto a besar su zapato-cadenas. Hacían la más bonita pareja de Londres, y no había un penique entre ellos. El coronel le parecía muy bien Hughie, pero no quiso oír hablar de noviazgo.
«Venid a mí, hijo mío, cuando tengas diez mil libras de su cuenta, y vamos a ver en ello",solía decir, y Hughie tomaba un aspecto taciturno en esos días, y tuvo que ir a Laura en busca de consuelo.
Una mañana, mientras se dirigía a Holland Park, donde vivían los Merton, entró a ver a un gran amigo suyo, Alan Trevor. Trevor era pintor. De hecho, poca gente escapa que hoy en día. Pero también era un artista y los artistas son bastante raros. Como persona era un individuo extraño y rudo,con una cara llena de pecas y una barba roja descuidada. Sin embargo, cuando cogía el pincel era un verdadero maestro, y sus cuadros eran muy solicitados. Había sido muy atraído por Hughie al principio, hay que reconocer, totalmente a causa de su encanto personal. "La gente más que un pintor debe saber", solía decir, "son personas que están betey hermoso, la gente que son un placer artístico a lavista y un reposo intelectual con quien hablar. Los hombres elegantes y las mujeres que son amadas gobiernan al mundo, al menos deberían hacerlo. " Sin embargo, cuando hubo conocido mejor a Hughie, le gustó otro tanto por su dinamismo espíritus brillantes y su generosa naturaleza atolondrada, y le dio entrada a su estudio.

Cuando llegó Hughie aquel día encontró a Trevor dando los últimos toquesa una maravillosa imagen de tamaño natural de un mendigo. El mendigo mismo estaba de pie sobre una plataforma elevada en un rincón del estudio. Era un viejo seco, con una cara como pergamino arrugado y una expresión sumamente lastimera. De los hombros le colgaba una tosca capa parda, toda desgarrada y harapienta; sus gruesas botas estaban remendadas y con parches, y con una mano se apoyaba en unáspero bastón, mientras con la otra sostenía el sombrero maltratadas limosna.
"¿Qué modelo de una increíble!" susurró Hughie al estrechar la mano a su amigo.
"Un modelo fantástico?" -gritó Trevor en la parte superior de su voz; «Ya lo creo! digos como él no se encuentran todos los días. Un trouvaille, cher mort; la vida de Velázquez! ¡Rayos! ¡qué aguafuerte hubiera hecho Rembrandt con él!...
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