Miercoles de cenizas

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  • Publicado : 3 de mayo de 2011
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Miércoles de Cenizas
Era una noche fría de invierno, sin luna ni estrellas, tan triste y oscura como solo se da en la ciudad. Las sombras proyectadas por las pálidas luces del alumbrado eléctrico apuntaban maliciosamente a la octava de la calle Morrison, donde hace una semana se había cometió un extraño asesinato. Según contaban los vecinos paso un día miércoles lluvioso y tormentoso. Ninguno deellos alcanzó a percibir nada, no al menos hasta que el humo proveniente del lugar del fatal incidente inundo los pasillos del edificio. Nadie vio entrar o salir al asesino, no había marcas ni señas, nada que pudiera delatar su identidad. Pero John no estaba tranquilo, presentía que algo andaba mal, que había quedado alguna pista que revelaría la identidad del criminal. Se paró frente a laentrada del edificio y levantó la cabeza para mirar la ventana del cuarto donde sucedió todo. Los marcos de la ventana estaban calcinados por completo. Olfateó un poco al sentir el hedor de las cenizas mojadas, como si aun estuvieran frescas, y se arreglo el chaquetón al sentir como la brisa fría le helaba los huesos. Se mantuvo así por unos instantes, sin notar nada sospechoso, hasta que al darle unarápida mirada al resto del edificio notó algo que había pasado por alto. Era un edificio de tres pisos y siete habitaciones por piso, nada particular, si no caes en que la habitación en que se cometió el crimen estaba casi en el centro.

-Es la tercera habitación del segundo piso, justo a la mitad, tal como el día miércoles parte la semana –dijo en voz alta, como si le estuviera explicando suteoría a alguien-. La séptima habitación no se cuenta, tal como el domingo, porque es día de descanso.

Así razonó mientras miraba, teniendo la certeza de que había llegado a algo. Miro su reloj temiendo que fuera demasiado tarde, y no se equivoco. La media noche justa, como si estuviera predestinado a mirar la hora en ese momento. Y estuvo mirando su reloj por eso de un minuto, esperando que dejarade ser la medía noche justa, y entonces camino hasta el frontis. Abrió la rendija de la entrada del edificio y entró silenciosamente. Mientras caminaba por el pasillo hasta la recepción miró los cuadros que decoraban los muros laterales, y recordó que había hecho lo mismo la vez anterior. Eran cuadros con motivos religiosos, santos, para ser especifico.

-Ellos están ahí para vigilarnos, pararecordarnos que somos pecadores –se decía, mientras los miraba con respeto.

Siguió caminando y se detuvo justo frente a la recepción, donde había una pequeña cabina metálica. Estaba por completo enrejada, “Para evitar los posibles robos”, pensó. Miró amablemente al anciano que estaba sentado en el interior, un hombre de rostro arrugado y espalda curva, de mirada porfiada, aunque algo pérdida.Detrás de él había un panel con las llaves de las habitaciones, y en él, la llave del cuarto que buscaba.

-Buenas noches señor. Lamento molestarlo a estar horas. Mi nombre es John, estoy aquí para investigar el asesinato cometido en este edificio –le dijo, con todo el respeto y la reverencia que le era posible presentar.

-Buenas noches joven, ya me preguntaba yo porque no habían venido eldía de hoy, cuando no pasa el tiempo sin que dejen de buscar pruebas. Espero que termine pronto esta investigación, este… incidente me tiene los pelos de punta –contesto el anciano, terminando sus palabras con algo de perturbación al referirse al crimen.

-Lo entiendo, pero no se preocupe, ya está a punto de terminar, al menos en este edificio.

-Supiera usted. Yo apenas me enteré esta semanaque este es el tercer asesinato. Suerte que no paso a mayores, y Dios me perdone, pero estoy agradecido de que haya sido un traficante de drogas y no una persona inocente –le comento el viejo, refiriéndose a la victima, mientras se acercaba a la ventanilla de la cabina para poder hablar de forma más discreta.

-¿Un traficante de drogas? ¿Usted ya sabía que se dedicaba a eso? –le pregunto...
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