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EL DEBER, LA HISTORIA Y LA FICCIÓN
Magali García Ramis
Escuela de Comunicaciones
Universidad de Puerto Rico
El único deber que tenemos con
la historia es reescribirla.

Oscar Wilde
Agradezco la invitación que nuevamente me hace la Pontificia
Universidad Católica de Ponce para compartir con ustedes algunas facetas
del quehacer literario, esta vez durante la Semana de la Lengua. En estaocasión, según me indicó la profesora Lesbia Cruz cuando me llamó algún
tiempo atrás, el tema central versaría en torno a “la historia detrás de la
ficción”, lo cual podría interpretarse como el trasfondo de la obra literaria, en
el sentido de lo que está detrás, o la Historia, con mayúscula, que aparece en
algunas obras de corte histórico. Fiel a los postulados de principios del
milenio, queestablecen la validez de acercarnos a analizar un tema desde
múltiples enfoques a un mismo tiempo, y que privilegian las fronteras, los
bordes y los traslapes como espacios de trabajo, me tomé la libertad de
interpretar de ambas maneras la historia detrás de la ficción y preparé este
texto que paso a leerles, para luego abrirlo al diálogo, y que se titula:
El deber, la historia y la ficción.Tomo el título de una cita de Oscar Wilde, quien en su ensayo El
Crítico como artista dice: “El único deber que tenemos con la historia es
reescribirla”.
Oscar Wilde, claro está, hablaba como escritor y solía lanzar al ruedo
literario de sus coetáneos expresiones geniales, tajantes, hirientes y muchas
veces muy ciertas, sólo por provocar a los literatos y estimularlos a ahondarintelectualmente en su quehacer; lo hacía, también, por lucir como pavo real
sus dotes con la palabra y vanagloriarse de su genialidad, pero nada de esto
empaña lo certero de su juicio.
Ciertamente, un texto de ficción literaria no debe - ni puede ser - un
texto de historia. Las novelas y cuentos ubicados específicamente en un
momento histórico, y en un lugar específico, constituyen, por su propianaturaleza, una reescritura histórica. Me propongo, entonces, compartir con
ustedes el proceso de esa reescritura en tres textos de mi autoría: la novela
Felices días, tío Sergio, el cuento “De cómo el niño Genaro se hizo
hombre” y la novela Las horas del sur.
Hace exactamente 20 años, terminé la novela Felices días, Tío
Sergio. Desde su publicación en 1986, no me ha dado tregua, y todos losaños, de una u otra manera, a petición de lectores o maestras, viajo por la Isla
(y a veces voy al exterior) a explicar algún aspecto de cómo se fue conformando
esta novela. Con el pasar del tiempo me doy cuenta de que cada
vez que lo hago, añado datos distintos, o descubro una razón irrazonable o
encuentro algo que no sabía que existía en el texto.
Lo que sucede es que un texto de ficción tieneun comienzo, pero
nunca, verdaderamente, tiene un final. Cada vez que alguien lo lee se le
añade una parte: la que vincula a los lectores y las lectoras con lo que
escribió la autora o el autor. Cuando elaboro un bosquejo del trasfondo de
Felices días tío Sergio, puedo comenzar con los temas de las identidades, el
momento histórico y sus consecuencias, la biografía de una generación, lametáfora que es el Tío Sergio, los espacios urbanos vs. los rurales, pero
nunca digo exactamente lo mismo porque aún ese trasfondo, que
supuestamente es el que le dio vida a la novela, la base sobre la que se
construyó, es movedizo, no es estático, ni ordenado, ni preciso; por más que
yo trate, no puedo configurarlo como algo lógico y claramente demarcado.
En alguna ocasión dije que la historia deFelices días comenzó con
una búsqueda hacia atrás, hacia la formación de la generación de
puertorriqueños que nos criamos en los años 50s. Hoy, sin embargo, afirmo:
que comenzó con un intento de dibujar los rasgos arquitectónicos de la
fachada de la casa matriz de mi Familia, fachada la cual, por más que
hurgaba en mi memoria, no podía recordar. El hecho de que la casa, en sí,
fuera...
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