Mitologia

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Cuentos mitológicos

El pescador del Cabo del Halcón.
-The fisherman of Falcon Point-
Howard Phillips Lovecraft (1890-1937)
August Derleth (1909-1971)

Por la costa de Massachusetts se rumorean muchas cosas acerca de Enoch Conger. Algunas de ellas sólo se comentan en voz muy baja y con grandes precauciones. Tan extraños rumores circulan a lo largo de toda la costa, difundidos por loshombres del mar del puerto de Innsmouth, sus vecinos, ya que él vivía a unas pocas millas más al sur, en el Cabo del Halcón. Ese nombre se debe a que allí, en las épocas migratorias, se puede ver a los halcones peregrinos, los esmerejones y aun los grandes gerifaltes sobrevolar aquella estrecha lengua de tierra que se adentra en el mar. Allí vivió Enoch Conger, hasta que no se le vio más, pues nadiepuede afirmar que haya muerto.

Era fuerte, de pecho y hombros anchos, y con largos brazos musculosos. Pese a no ser un hombre viejo, llevaba barba, y coronaba su cabeza una cabellera muy larga. Sus ojos azules se hundían en un rostro cuadrado. Cuando llevaba su chubasquero de hombre de mar, con el sombrero haciendo juego, parecía un marino desembarcado de alguna vieja goleta siglos atrás. Era unhombre taciturno. Vivía solo en la casa de piedra y madera que él mismo había construido, donde podía sentir el viento soplar y escuchar las voces de las gaviotas, de las golondrinas, del aire y del mar, y desde donde podía admirar el vuelo de las grandes aves migratorias en sus viajes hacia tierras lejanas. Se decía de él que se entendía con ellas, que hablaba con las gaviotas y las golondrinas,con el viento y con el golpeante mar, y aun con otros seres invisibles que, sin embargo, emitían, en unos tonos extraños, algo parecido a los mudos sonidos de ciertas grandes bestias batracias, desconocidas en los pantanos y ciénagas de la tierra.

Conger vivía de la pesca, y aunque ésta escaseaba, le era suficiente. Por el día y por la noche echaba sus redes al mar; lo que sacaba lo llevaba aInnsmouth, a Kingsport, o aún más lejos, para venderlo. Pero una noche le vieron llegar solo a Innsmouth; no traía nada de pesca y permanecía con los ojos muy abiertos, atónitos, como si hubiese estado mirando mucho tiempo la puesta del sol y se hubiese quedado ciego. En las afueras de la ciudad, entró en una de las tabernas donde solía ir, se sentó en una silla, solo, y se puso a tomar unacerveza. Algunos curiosos que estaban acostumbrados a verle se acercaron a su mesa para beber con él, hasta que bajo los efectos del alcohol empezó a balbucear. Pero hablaba como si lo hiciese para sí mismo, y sus ojos no parecían ver a nadie.

Decía que había visto algo maravilloso esa noche. Había sacado su barca hasta el Arrecife del Diablo, situado a más de una milla de Innsmouth, y allí habíaechado su red. Sí, había sacado muchos peces; pero en su red había algo más; algo que era una mujer y que, sin embargo, no lo era; algo que le hablaba como un ser humano, pero con el tono gutural de una rana y con el acompañamiento de una música aflautada como la que, en los meses de primavera, se oye en los pantanos; algo que tenía una gran incisión, profunda y ancha, en lugar de una boca, pero unainfinita dulzura en sus ojos; algo que llevaba, bajo el pelo largo que caía de su cabeza, hendiduras como agallas; algo que le rogaba y le suplicaba para que le dejara volver a los fondos del mar; algo que le prometió, a cambio, su propia vida si alguna vez la necesitaba.

-Una sirena -dijo uno con una risotada.
-No era una sirena -dijo Enoch Conger-, porque tenía piernas, aunque los dedos desus pies eran como los de los palmípedos, y tenía manos, aunque los dedos de sus manos eran como los de sus pies, y la piel de su cara era como la mía, aunque su cuerpo tenía el color del mar.

Se rieron de él, pero él no les escuchó. Sólo uno de ellos no se rió, porque había oído a los viejos hombres y mujeres de Innsmouth contar unas historias muy extrañas, que se remontaban a los tiempos de...
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