Mitos prehispanicos mexicanos

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El diluvio
(Mito Nahuatl)

Hubo un hombre llamado Watákame, a quien le gustaba mucho el trabajo y se pasaba el día en el campo tumbando montes, sembrando y cosechando. Watákame siempre quería estar trabajando. Un día tumbó mucho monte, un gran espacio de bosque quedó en el suelo, pero al día siguiente los árboles habían crecido y el monte estaba tan cerrado y tan alto como antes detumbarlo.

Watákame volvió a tumbar el monte y durante tres días el monte retoñó sin dejar huella de que había sido cortado. Al cuarto día Watákame se preguntó: —¿Por qué ocurre esto? ¿Quién levanta el monte que yo tumbo?

Llegado el quinto día, Watákame, después de terminar su trabajo, se escondió detrás de un árbol, y no había pasado un largo rato, cuando vio acercarse por el sur auna viejecita que llevaba en la mano su bastón ganchudo de otate. La vieja levantó el bastón a los cuatro puntos cardinales, y al dirigirlo por último hacia el centro de la Tierra, se empezó a levantar el monte.

Watákame empuñó su hacha y corrió adonde estaba la viejita, gritándole:
—Detente. Yo he sudado, yo me he cansado cuatro días tumbando el monte y tú siempre me haces lamisma hechicería. Voy a matarte.

—Mira -le dijo ella-, no te enojes. Yo soy Nakawé, la Madre de los Dioses, y sé que tu trabajo es un trabajo perdido. Dentro de cinco días comenzará a llover, se desbordarán los nos y el mundo será cubierto por las aguas. Yo he venido a salvarte.

—Dime cómo puedo salvarme.

—Allí hay un árbol de sálate. Mañana lo tiras y con su madera harásuna canoa que deberá tener cinco agujeros en el lado derecho y cinco en Id izquierdo. Terminada la canoa, me buscas cinco cabezas (tallos) de calabaza, cinco granos de maíz de cada color y cinco granos de frijol, cinco semillas de wave, cinco de roble, de pino y de sálate. Si sabes de una perrita negra, también te la consigues.

Al quinto día se apareció Nakawé:

—¿Tienes lascosas que te pedí? ¿Está lista la canoa?

—Todo está listo tal como tú lo ordenaste -respondió Watákame.

—Muy bien. Métete pronto en la canoa porque ya viene el agua. Oye los gritos de tus compañeros, de tus vecinos. Se los están comiendo los animales.

—¿Qué animales? -preguntó Watákame.

—El metate, las ollas, las cazuelas, los comales, el molcajete, se hanconvertido en animales salvajes. Son ellos los que están devorando a tus compañeros.

Watákame se apresuró entonces a embarcarse con sus semillas y su perrita negra y la canoa principió su navegación llevando en el techo a la diosa Nakawé.

A los cinco días, Nakawé le dijo:
—Te abriré un poco para que veas cómo está el mundo.

Watákame, asomado a uno de los agujeros, pudoobservar una laguna teñida con la sangre de sus compañeros muertos por los metates, las ollas y los comales.

La canoa fue primero al poniente, donde chocó con Washiewe, el Cerro Blanco que está dentro del mar; luego partió al Oriente y allí chocó con la roca Tamaña Tinika, y se fue al Norte, donde esta vez chocó con la roca Rauramanaka, y se fue al Sur y allí se sentó en la arena de la playacomo todavía puede verse convertida en la piedra Mahakate. El lugar se llama Rapavillemetá, que quiere decir lugar de Rapa.

A los cinco días de estar la canoa en la playa, Nakawé le dijo al hombre:

—Pisa la tierra sin temor. Las aguas se han retirado.

Watákame salió de la canoa, dio unos pasos, y sus pies se hundían en la tierra blanda y mojada, por lo que todavía sonvisibles sus huellas, como también es visible el tallo de la calabaza que no se comió durante el viaje y está dentro de una cueva cercana, convertida en piedra.

—Muy bien lo has hecho todo -le dijo Nakawé-. Ahora sólo te falta sembrar las semillas en los cuatro puntos cardinales y comenzar tu vida en el Medio Mundo.

Watákame dio cinco pasos en las direcciones indicadas, que era...
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